Escrito por El Obra tiene historia a las 12:00
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El apellido Collins en el universo obradoirista se asocia inmediatamente con Bill. Hemos hablado unas cuantas veces de lo que significó Bill Collins para muchos seguidores del club, por ser el primer jugador extranjero que permaneció más de una temporada en el Obra. Pero hay otro Collins que también dejó huella. Toca ponerse muñequeras y viajar a finales de los 80 para recordar a Pepe Collins.
Collins, con el 10 en la camiseta del Obra
Lo primero que hay que dejar claro es que el Obradoiro se anotó un buen tanto con su fichaje allá por el verano de 1989. Comenzaba una temporada más en la Primera B (era la quinta consecutiva) con la intención de hacer un equipito competitivo para no pasar apuros y, si las cosas salían bien, colarse en los play-off. Ya estaban en el equipo Modrego o Valentín Baeza. Llegaron Paco Dosaula, Victor Anger o Paco Solsona (después se uniría su hermano Chema). Y también llegó Pepe Collins, un 2-3 que medía 1,92 metros y que había jugado casi 150 partidos en ACB en las temporadas anteriores.
Collins procedía del Manresa, aunque donde se convirtió en un tipo legendario fue previamente en el Español de Barcelona y antes en La Salle, donde había coincido con Dosaula. No fue un jugador secundario en la ACB. Por ejemplo, en unos cuantos encuentros de la temporada 85-86 llegó a jugar los 40 minutos del partido sin descanso. Uno de sus mejores expedientes lo completó contra el Joventut aquella temporada: 22 puntos y 4 rebotes.
Cromo de Collins en su etapa en el Español
Pero Pepe Collins también representó algo singular en el basket de los años ochenta. Había nacido en Guinea Ecuatorial en la época colonial (1962) y por lo tanto era español. Y de color. Una combinación que ahora está totalmente normalizada y que no llama la atención. Sin embargo, hace 25 años resultaba insólito encontrar en una pista de baloncesto a un jugador español que no fuese blanco. Y por encima, con un nombre tan ibérico como Pepe.
Con Pirulo al frente de la nave aquel Obradoiro ofreció un rendimiento sobresaliente. Hasta el punto de que, como ya hemos contado aquí, se quedó a una eliminatoria del ascenso a la ACB en el play off. La famosa eliminatoria contra el Juver. A aquel equipo se le debe que el Obradoiro pisase la élite en 2009. Y Pepe Collins, con el 10 en la camiseta, fue una pieza fundamental de aquel engranaje.
Pepe Collins, en un partido con el Obra (Foto: La Voz)
En su temporada en Obradoiro promedió casi 10 puntos y 4 rebotes por partido, aunque sus números pudieron ser mayores de no ser por los problemas físicos que le hicieron perderse unos cuantos encuentros y rendir por debajo de lo normal en otros. Aún así, los aficionados pudieron disfrutar de un jugador muy intenso en defensa y que, al mismo tiempo, ofrecía recursos inéditos en los jugadores nacionales de la época: elasticidad, potencia física, salto, suspensión...
Pepe Collins es uno de esos jugadores que debían haber jugado en ACB con el Obradoiro en la temporada 90-91. Pero la Justicia tardó 17 años en resolver aquel problema, y Collins hizo las maletas. Pasó dos temporadas en tierras extremeñas con el Cajabadajoz y otras dos en Cataluña, en el Montcada de 2ª División. Luego se retiró y reenfocó su vida profesional hacia la enseñanza de jóvenes y la puesta en marcha de proyectos formativos en su Guinea natal.
Collins, en la actualidad (foto de su Twitter)
Hace unos meses se publicó en la web de la FEB un reportaje muy extenso sobre la vida de Pepe Collins en la actualidad. Se titula "Retorno a los orígenes" y en él se cuenta como en 2007 decidió volver a Guinea Ecuatorial para desarrollar diversos proyectos relacionados con el basket. Como anécdota, uno de sus hermanos (Eddy) es uno de los barman más conocidos de Barcelona. En esta entrevista se relata su historia, que también merece la pena leer.
Escrito por El Obra tiene historia a las 12:04
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En la primavera de 2006 se emitió en el canal norteamericano A&E un nuevo episodio de la segunda temporada de Intervention, un reallity televisivo en el que se trataba de recuperar a personas con graves adicciones para que las dejasen atrás e iniciasen una nueva vida. Uno de los protagonistas aquella noche era el exjugador de baloncesto Antwahn Nance. Y muy pocas personas lo saben, pero Nance había jugado quince años atrás en el Obradoiro. Fue un paso efímero, de apenas un mes, mucho antes de iniciar un descenso hacia los infiernos del que no tenemos la certeza de si a estas alturas ha conseguido salir.
Nance, en un entrenamiento con el Obra (Foto: recorte de El Correo Gallego)
Es cierto que no es la primera vez que contamos historias tristes. Lo fue la muerte de Bill Collins por el buen recuerdo (deportivo y personal) que dejó en Santiago. O el fallecimiento de Mike Schultz por la forma en que se produjo. Tampoco fue agradable saber el estado en el que se encuentra Larry Gibson. Sin embargo, la historia de Nance está sembrada de tantos dramas personales que casi entristece contarla.
Septiembre de 1991. El Obradoiro ocupaba los últimos puestos de la Primera B y necesitaba con urgencia un americano para sustituir a un veteranísimo Jimmy Wright, que se acababa de lesionar y tenía pie y medio fuera del club. La primera opción que se barajó fue la del yugoslavo Veljko Petranovic, cuya historia ya contamos aquí en su momento. Aquello no fructificó y dos días después el Obradoiro confirmaba la contratación temporal del ala-pívot Antwahn Nance. Y la pregunta en aquella época era obligada: ¿quién demonios era Nance?
En un partido del Obra en Santa Isabel (Foto: recorte de El Correo Gallego)
Resulta que en la prensa deportiva ya se conocía algo su nombre porque ese mismo mes había estado a prueba nada menos que en el Real Madrid. Quizás fue la gran oportunidad de su vida. El equipo dirigido por George Karl buscaba sustituto para Ricky Brown, que tenía problemas musculares y estaría como mínimo un mes de baja. Y probaron a Nance, que hasta ese momento había estado entrenando en Francia. "De pasar las pruebas, el norteamericano firmará por un espacio de tiempo de alrededor de un mes, con opción de prórroga hasta final de temporada", informaba en El País un tal López Iturriaga.
El Madrid se llevó a Nance a jugar un amistoso de prueba en Las Rozas contra el Dinamo de Kiev. Pero no les terminó de convencer. Los blancos perdieron aquel partido (72-77) y la floja actuación de nuestro protagonista (4 puntos) acabó por echar por tierra la posibilidad de jugar en el equipo de Karl.
APARECE EL OBRADOIRO
Visto que el Madrid no le quería, Nance siguió buscando equipo y solo unos días después apareció el Obradoiro. El 23 de septiembre se anunció su contratación: un mes a prueba y un salario de 7.000 dólares. Quizás fuese este chaval de 24 años y 2,05 lo que el Obra necesitaba para reemplazar a Wright. Era cuestión de intentarlo y él venía con ilusión: "Vengo con muchas ganas de jugar y mucha ambición, quiero jugar en ACB", le contó a El Correo Gallego, tras definirse como un jugador "rápido, ágil y saltador".
Los aficionados del Obra pronto supieron que Nance se había formado en la pequeña Universidad de Grambling State (Lousiana) y que la temporada anterior había jugado varios partidos en Italia, en el Varese. Su agencia de representación decía de él: "Es un anotador inteligente, fuerte y habilidoso; dominante en la zona interior, muy bueno reboteando y en los bloqueos; gran habilidad para el pase; buen cuerpo y excelente forma física".
Pero lo que nadie contó en aquel momento es que Antwahn había vivido una infancia muy difícil, marcada por un padre alcohólico y violento. Como en otros casos el baloncesto le sirvió como válvula de escape, pero ese drama puede explicar lo que pasó después.
El caso es que la afición obradoirista apenas tuvo tiempo de conocer a Nance. Debutó en la jornada 4 en un partido contra Caja Bilbao -su mejor actuación con el Obradoiro- y su último partido fue en la jornada 8 contra el Caja Badajoz. En total fueron cinco encuentros en los que tampoco convenció al cuerpo técnico compostelano, que buscaba un jugador más interior y con más anotación. Su bagaje se resume en un promedio de 11 puntos y 5 rebotes, además de unos cuantos mates y tapones espectaculares.
Entrenando con el Obra (Foto: recorte de El Correo Gallego)
Su breve estancia en Santiago hace que algunos de sus compañeros en aquella plantilla no se acuerden de él. Sí tienen frescos los recuerdos de Wright y de Rod Griffin, que fue el americano que llegó en su lugar y el que acabó la temporada. Pero han pasado casi 25 años y Nance ha desaparecido de su memoria. No recuerdan que, para colmo de males, Antwahn acabó su último partido en un hospital de Badajoz tras tener que retirarse en la primera mitad por una lesión en la cadera. Un triste punto y final a su periplo por el Obra.
Pese a sus deseos nuestro protagonista nunca llegó a jugar en la ACB. Aunque sí se convirtió en uno de esos trotamundos que pasan por las ligas de distintos continentes con mejor o peor suerte. Si hacemos caso al currículum de su agencia de representación, Nance jugó en China, Brasil, Ucrania, Venezuela, Turquía o Grecia. Su último equipo fue argentino, el Gimnasia y Esgrima. Aunque no sabemos la fiabilidad de estos datos dado que su agencia también vendía que había jugado en los Clippers (no aparece en ningún registro oficial de la NBA) y en el Real Madrid, con el que solo disputó el amistoso contra el Dinamo de Kiev.
Imagen del programa Intervention, en el que participó
Eso sí, mientras desarrollaba su carrera como jugador Nance tuvo tiempo de saltar a la pantalla. No fue para aparecer en ninguna película, sino para formar parte de un videojuego de basket que SEGA sacó allá por 1994. Era el Slam City with Scottie Pippen, un juego de uno contra uno en el que interpretaba a un secundario llamado Smash. Su personaje era el deun tipo que siempre "gritaba, gruñía y rara vez hablaba un inglés inteligible". O eso al menos es lo que cuentan en esta web.
LA CAÍDA
Pero el audiovisual sí le reservaba un papel protagonista años más tarde. Creemos que dejó el baloncesto en 2002 (tenía 36 años) por culpa de una lesión de rodilla, y fue cuatro años después cuando América conoció la crudísima realidad de Nance a raíz del programa Intervention: Antwahn era un adicto al crack, cocaína, marihuana y alcohol. Y su vida transcurría en Skid Row, el barrio más problemático de la ciudad de Los Ángeles. Una zona deprimida cuyas calles dan cobijo a cientos de personas sin techo y sin futuro. Uno de ellos era Antwahn Nance.
En Intervention, los familiares de Nance trataron de rescatarle de la espiral de destrucción en la que estaba inmerso. Aparecen sus hijos y su mujer, que amenaza con divorciarse si no deja las drogas. El programa no escatima en imágenes de Antwahn poco menos que vagabundeando por las calles de Los Ángeles, fumando con la mirada perdida y tirado en la cama. Son imágenes que duelen sea quien sea la persona, pero que entristecen un poco más sabiendo que el protagonista fue un deportista profesional a punto de perderlo todo. Y que encima llevó puesta la camiseta del Obradoiro, aunque fuese de forma esporádica.
Otra imagen del programa Intervention
Las referencias sobre lo que sucedió después de 2006 son confusas. En algunas páginas web (desconocemos su fiabilidad) contaban que completó con éxito el programa de rehabilitación durante tres meses, aunque tuvo una recaída, acabó volviendo a las drogas e incluso estuvo cuatro meses en la cárcel por un robo. Sin embargo, en la wiki de Intervention cuentan que tras salir de prisión consiguió dejar las drogas y empezar una nueva vida.
¿Y ahora? Pues gracias a las redes sociales conseguimos localizarle y, a tenor de las imágenes, da la impresión de que Antwahn Nance ha iniciado una nueva vida. Intentamos ponernos en contacto con él, aunque no respondió a nuestro mensaje. Pero solo el mero hecho de ver esas fotos y, sobre todo, sonriendo, nos lleva a pensar que ese descenso a los infiernos ha tenido viaje de vuelta. Ojalá.
Escrito por El Obra tiene historia a las 13:14
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El Obradoiro tuvo a principios de la década de los ochenta uno de los mejores equipos Junior de su historia. No solo porque varios de sus integrantes llegaron a jugar en ACB y tuvieron la fortuna de hacer carrera en el baloncesto profesional. Sino también porque conformaron un grupo humano excepcional que ganó (y revalidó) el campeonato gallego y llegaron a ocupar el sexto lugar en el Campeonato de España de la categoría que se celebró en 1984. En este artículo vamos a repasar la trayectoria de aquel equipo con algunos de sus integrantes, a los que agradecemos su ayuda y su excepcional memoria.
Equipo junior del Obradoiro, temporada 1983-84 Logró la proeza de clasificarse para el campeonato de España
Verano de 1982. El Obradoiro acababa de ascender a la actual ACB tras aquel famoso partido de Mataró y el club, además de conformar un equipo competitivo para esa primera experiencia en la élite, también quiso fortalecer el equipo Junior para que sirviese de ayuda al primer equipo. Un grupo de chavales realizó la pretemporada con el primer equipo. Entre ellos estaban Abel Amón y Pepe Rivera. Ambos procedían del Claret de Madrid y decidieron probar en Santiago dada la amistad de sus entrenadores con Pepe Casal. Fueron unas jornadas de duro trabajo... y con premio.
Así lo recuerda Amón: "A pesar de mi bisoñez en el plano baloncestistico, vi que no se me daba mal del todo pegarme con jugadores como Pages, Abalde, Corts e incluso Fran Crujeiras, que estaba entrenando con nosotros pero que jugaría en Peleteiro en Segunda División. Los entrenamientos fueron transcuriendo con una gran dureza física, y al acabar uno de ellos me dice Todor Lazic que quiere que me quede a jugar en el equipo. Fue una de las grandes sorpresas y alegrías de mi vida, pero hacía falta convencer a mis padres de que la cosa no era para un mes sino como minimo para un año; costó esto algo más, pero se consiguió y ahí estábamos entrenando con el primer equipo a la par que se formó un equipo junior bastante bueno".
En ese equipo Junior del Obradoiro se juntaron los llegados de Madrid con otros chavales como Ricardo Aldrey, Carlos Oro o Manolo Bernaldez. Casi todos aquellos chavales eran Junior de primer año, por lo que el Obra tenía una buena base para esa temporada y para la siguiente.
Amón, tirando a canasta
El primer escollo que se encontró aquel Obradoiro lo tuvo en Santiago en la eliminatoria local contra el Peleteiro. Eran tiempos dorados para el baloncesto compostelano y el Peleteiro también contaba con un muy buen equipo, con jugadores como Jano Harguindey, Carlos Millán, Eduardo Suárez o Crujeiras. Los jugadores se conocían y de hecho varios juniors del Obra estudiaban ese año COU en Peleteiro compartiendo pupitres con los que serían sus rivales. Entre los profesores estaban Carlos Lamela (grandísimo jugador del Breogán y exentrenador del Obra) o Eduardo Echarri, también jugador del Obra.Vamos, imposible no pensar en baloncesto todo el día.
Aquella eliminatoria estuvo muy igualada y se la acabó llevando el Obra. "Los dos partidos fueron épicos con una épica actuación de Ricardo Aldrey en el de vuelta. Ganamos, lo que nos sirvió para tener buen humor en las sobremesas de Peleteiro y pasar a la siguiente fase", recuerda Amón.
Tras vencer a Peleteiro, tocaba el sector provincial y ahí apareció el Bosco coruñés. La victoria también fue para el Obra, dado que los mejores jugadores de aquel Bosco (Calvelo y Juane) estaban más centrados en el primer equipo.
El recorrido del Junior en aquella temporada concluyó en el sector del norte disputado en Asturias. Ahí se notó que el equipo del Obra estaba conformado por chavales de primer año y que enfrente estaban equipos mucho más formados físicamente. Abel recuerda entre los rivales al Elosúa de los hermanos Nacho y Roberto Herreras, fundamentales años después en el ascenso de los leoneses a la ACB años después.
Fue un año en el que los juniors del Obra jugaron mucho con el primer equipo que entrenaba Todor Lazic. Aquella temporada 82-83 acabó con el descenso de categoría del Obra, que solo pudo ganar dos partidos en aquel estreno en la actual ACB. Pero no fue un mal año para los Juniors del equipo: tuvieron protagonismo y eso influyó en lo que pasaría la temporada siguiente. Por ejemplo, Amón recuerda el día de su debut nada menos que contra el Barça. Un chaval que estudiaba COU y que le metió 15 puntos al equipo culé.
EL AÑO DE CALPE
Si la temporada 82-83 fue buena para el principal equipo de la cantera del Obra, la 83-84 fue todavía mejor. El club consiguió mantener el bloque del año anterior y, con un año más de experiencia, consiguieron colarse en el Campeonato de España de la categoría, al que solo accedían ocho de equipos de todo el Estado. Nada que ver los campeonatos de ahora.
Otra imagen de Amón lanzando a canasta con el equipo junior en la temporada 83-84
Pero antes de alcanzar esta hazaña, los Juniors tuvieron que superar varios obstáculos de una dificultad cada vez mayor. Primero revalidaron el título gallego y luego se clasificaron para un sector que se celebraba en Madrid. Solo los dos mejores de ese torneo sacarían billete para el campeonato de España que ese año se iba a jugar en la localidad alicantina de Calpe. Para eso habían estado trabajando toda la temporada. No había margen de error.
El entrenador de aquel equipo Junior era Julio Bernárdez, que había empezado la temporada dirigiendo al primer equipo pero que tras ser destituido se hizo cargo del Junior. Fue una decisión que en principio no le agradó: "Se lo dije a los chavales en el primer entrenamiento... pero al final logramos crear una conexión fantástica, con un equipo muy competitivo. Fue uno de mis mejores años como entrenador", me cuenta. En la pista continuaban Aldrey, Amón, Pepe Rivera y Carlos Oro, que también formaban parte del primer equipo. La plantilla la completaban Pío Furelos, Cajaraville, Luis Otero, Juan Manuel Díaz, Pablo Warner y Tino Casas.
En el sector clasificatorio jugado en Madrid el Obradoiro dio la talla y ganó su grupo con solvencia, logrando el campeonato de España de 2ª División (había varias categorías) y el billete para Calpe. Curiosamente, el Obra se clasificó sin apuros y todo lo contrario le sucedió al CAI Zaragoza, que sin embargo acabaría siendo el vencedor en el campeón de España. "Ese CAI era un equipazo entrenado por José Luis Abós y con Paco Zapata y Raul Capablo de fiuguras", recuerda Amón. Bernárdez incluso rescata una anécdota curiosa: antes del último partido el CAI ya se creía eliminado y se marchó al hotel. Pero hubo una carambola, con un triple empate que benefició a los aragoneses. El entrenador del Obra llamó al hotel para avisar a Abós. Y el técnico zaragoza pensó que era una broma.
Uno de los partidos que jugó el Obra en el sector de Madrid Ahí consiguió el billete para el campeonato de España
Y llegó el campeonato de España junior. La gran cita en la que se reunían las ocho mejores canteras de España: tres equipos catalanes (Barça, Joventut y Cacaolat Granollers), dos madrileños (Real Madrid y Alcorcón), el Náutico de Tenerife y el CAI Zaragoza. Y el Obra, que se había colado en esa cita por méritos propios. Fue el único representante no solo de Galicia, sino de todo el noroeste español.
LA MALA SUERTE
El campeonato se celebró en mayo de 1984 en Calpe. Y en las semanas previas los junior reforzaron los entrenamientos para llegar en forma al torneo. Pero el destino no estaba del lado del Obra. "Tuvimos muy mala suerte", se lamenta Bernárdez. En el último entrenamiento Abel Amón sufrió un fuerte esguince de tobillo que le impidió participar en el torneo. Un duro golpe para él (lo único positivo es que tuvo más tiempo para preparar los exámenes de 1º de Económicas) pero sobre todo para el Obra, que se quedaba sin su único jugador por encima de los 2 metros.
Hubo otros jugadores (los de primer año) que tampoco pudieron asistir porque el campeonato coincidía con los exámenes de final de curso, con la selectividad a las puertas. Eso dejó fuera a Luis Otero, Cajaraville y Juan Díaz, recuerda Tino Casas, otro de los integrantes de aquel equipo. Demasiadas bajas para un equipo modesto. El entrenador del Obra cree que sin esos problemas el equipo hubiese competido. Pero no se podía luchar contra los elementos, y quedarte sin tu pivot más alto y sin varios jugadores unos días antes del campeonato fue un golpe demasiado duro.
No obstante, los juniors del Obradoiro se cruzaron España con ganas de dar guerra. El Obra quedó encuadrado en uno de los dos grupos junto a Real Madrid, Barcelona y Náutico. El primer partido, jugado el 22 de mayo, fue contra el Madrid. Las diferencias entre los dos equipos eran considerables, tanto en las equipaciones como en la altura y corpulencia de las plantillas. De hecho, Bernárdez utilizó de pivots a un ala-pivot (Rivera) y a Esteban Plata, "un chaval delgado pero que saltaba muchísimo, había sido campeón gallego de salto de altura". Pero claro, en el Madrid varios jugadores pasaban de los dos metros, como Juan Antonio Orenga (ese año había debutado en ACB) o Antonio Martín. "Cuando hacíamos la rueda de calentamiento vimos que ocho jugadores del Madrid machacaban el aro", rememora Tino Casas.
Equipo junior del CAI, temporada 1983-84 Fue el equipo que logró el campeonato de España
El partido tuvo claro color madridista, que rápidamente se puso con un 20-2. Aunque el Obra no se rindió y a base de lucha y coraje consiguieron dejar el marcador en un meritorio 64-95. También se notó la diferencia de plantillas en el siguiente partido con el Barça (105-49) de Julián Ortiz.
Pero todo cambió antes del tercer partido, contra el Náutico de Tenerife. El que ganase garantizaría el sexto puesto. "En la prensa local escribieron que sin duda íbamos a ser los últimos del torneo; nuestro entrenador nos arengó antes de salir a jugar, jugamos muy intensos en defensa y conseguimos ganarles", recuerda Casas. Esa victoria (69-79) les permitió disputar el partido por el quinto y sexto puesto frente al Cacaolat, que ganaron estos últimos por 81-69. Pero el premio ya estaba conseguido.
Como ya dijimos, aquel campeonato se lo llevó el CAI tras vencer en la final a un Joventut en el que jugaban, entre otros, Montero, Rafa Jofresa o Abarca. Un torneo en el que brilló Aldrey. Tino Casas destaca que al acabar la fase de grupos lideraba el cuadro de anotadores, con unos 30 puntos por partido. Pero también me cuenta una anécdota genial que refleja lo fácil que lo tienen ahora los chavales para practicar deporte en comparación con hace 30 años: resulta que sus Adidas Top Ten estaban muy gastadas de tanto uso desde principio de temporada. "La suela del derecho se había despegado y le ponía tensoplas para que no se soltase". E intentó sin éxito que el club le comprase otras. Total, que acudió al campeonato de España con unas zapatillas deportivas rotas. Como era previsible, aquellas zapatillas deportivas murieron en Calpe. "Menos mal que Aldrey calzaba mi número y tenia unos tenis de sobra que me prestó...Gracias Richi".
Acababa así la participación del Obradoiro junior 83-84, uno de los mejores equipos de cantera que ha tenido el club. Sus integrantes fueron Ricardo Aldrey, Pío Furelos y Carlos Oro (bases-escoltas); Tino Casas, Santiago Cajaraville, Luis Otero y Juan Manuel Díaz (aleros); y Pablo Warner, Esteban Plata, Abel Amón y Pepe Rivera (pivots y ala-pivots).
(Muchas gracias a Abel Amón, Tino Casas y Julio Bernárdez por su colaboración)
Escrito por El Obra tiene historia a las 20:09
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El 22 de diciembre de 1986 sucedió algo insólito: un jugador español de un club de Primera B (la actual LEB Oro) disputó un partido con la selección absoluta. Algo vio el seleccionador Antonio Díaz Miguel para decidir que aquel chaval de 21 años compartiese vestuario con Epi, Romay y compañía. El club en el que se había formado y en el que jugaba ese chico era el Feiraco Obradoiro de Santiago. Y el protagonista fue el base compostelano Ricardo Aldrey.
Aldrey, el día que jugó con la selección en Badalona
Cinco días antes del partido, Díaz Miguel llamó a Ricardo Aldrey para anunciarle que estaba convocado con la selección absoluta. El partido se iba a jugar en Badalona y España se enfrentaría al Joventut en un homenaje a Enrique Margall, un jugador legendario de la Penya y de la selección española que se había retirado de las canchas con solo 29 años a causa de un problema en el corazón. El homenaje se producía dos meses después del fallecimiento de Margall a consecuencia de una parada cardíaca.
"La verdad es que no me lo podía creer (...) Fue una gran sorpresa, sobre todo porque me convertía en el primer jugador de Primera B que iba a jugar con la selección absoluta", reconocía Aldrey días después en un reportaje en El Mundo Deportivo. También contaba que el seleccionador le prestó especial atención a los debutantes: "Nos dijo que saliésemos tranquilos a la pista, que jugáramos como habitualmente lo hacíamos en nuestros equipos".
La Selección española que jugó el amistoso contra el Joventut Aldrey es el segundo por la derecha, en la fila de abajo
La victoria en aquel partido (que tuvo prórroga) fue para el Joventut por un resultado de 109-102. En el equipo verdinegro sobresalían Villacampa, Montero, Margall (hermano del homenajeado) o Jofresa, que evidentemente no pudieron jugar con la Selección aquel día. En el equipo de Badalona también brillaba aquella temporada Mike Schultz, que unos meses firmaría por el Obradoiro. Schultz anotó en ese partido 18 puntos y fue uno de los más destacados.
En el lado contrario estaba la selección española liderada por Epi y Fernando Romay. Conviene recordar que dos años antes había logrado la mítica medalla de plata en Los Ángeles 84. Ese día de diciembre, junto a Aldrey estaban también Ferrán Martínez, Arcega, Chicho Sibilio, Laso... Y también participó con España otro jugador que había militado en el Obradoiro! Lo podeis ver en la foto a la derecha del seleccionador: es Joan Pagés, pivot del Obra en la temporada 1982-83.
Presentación de la camiseta homenaje a Ricardo Aldrey (Foto: Javier Figueiredo-Blog de Fruqui)
La anécdota de aquel partido es que a Ricardo Aldrey no se le contabilizó como internacionalidad porque España no jugó contra otra selección. Lo contó Javier Ortiz en su artículo sobre nuestro protagonista. Pero la machada estaba hecha y Richi acababa de entrar en la historia del basket español. Aunque lo mejor para él todavía estaba por llegar: casi 300 partidos en ACB con el OAR Ferrol y algunas actuaciones memorables. Aunque sus cinco temporadas en el Obradoiro nunca las ha olvidado, como él mismo reconoció en el merecido homenaje que ha recibido estos días por parte del Obra.
Escrito por El Obra tiene historia a las 21:26
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El Obradoiro será el anfitrión de la fase final de la Copa del Rey 2016 que se celebrará en el Coliseum de A Coruña. Pero no será el debut del Obra en este torneo. Ya lo jugó -cuando todavía no tenía el actual formato- en la primavera de 1983. Fue una eliminatoria de octavos de final a doble partido frente al OAR Fondomar, en la que salió victorioso el equipo ferrolano. Así fueron esos 80 minutos que resumen la única participación hasta la fecha del Obradoiro en esta competición.
Imagen del Obradoiro-OAR de Copa jugado en abril de 1983 en el pabellón universitario
Antes de nada conviene contextualizar aquella eliminatoria. En aquella época la Copa del Rey se jugaba al terminar la temporada, por lo que afectaba la forma en la que había terminado el curso unos y otros. Y esto es clave. Porque el Obradoiro jugó aquella eliminatoria pocos días después de haber terminado su primera temporada en la élite. Ese curso acabó en descenso de categoría tras conseguir solo dos victorias en toda la competición, y con numerosos problemas deportivos y extradeportivos. Todo lo contrario que el OAR, que sí logró la permanencia tras un mal inicio de competición.
La participación del Obra en la Copa comenzó el 3 de abril de 1983 en Santiago. Por un lado estaba un Obradoiro formado exclusivamente por jugadores nacionales, ya que Nate Davis se había marchado unas jornada antes y el club decidió acabar la temporada sin foráneos. Enfrente, un OAR cuya estrella era el ala-pivot norteamericano Malcolm Cesare, que previamente había sido uno de los máximos anotadores de la Liga con el Baskonia. He leído por ahí que Cesare es actualmente un respetado líder de la comunidad mormona.
Cesare había jugado en la Universidad de Florida y era el referente del OAR aquella temporada
El claro favorito era el OAR, que esa temporada había disputado la Copa Korac. Pero para el Obradoiro aquella eliminatoria tenía importancia más allá de lo deportivo. Porque aquel 3 de abril estaba previsto que las cámaras de televisión estuviesen presentes en la cancha para retransmitir el partido, lo que le daría una inyección económica al club en un momento de horas bajas. La televisión en cuestión era el circuito gallego de TVE. Recordad que en 1983 todavía no se había creado la Televisión de Galicia.
Sin embargo, todo salió mal en aquella eliminatoria. En lo deportivo, por razones que ya os imaginais y ahora comprobareis. Y en lo extradeportivo, porque se produjo un fallo técnico que impidió la retransmisión. Resulta que hubo un problema de sonido que obligó a cortar la emisión a los dos minutos de comenzar el partido, según cuenta la crónica de El Mundo Deportivo. Un desastre.
DOMINIO FERROLANO
La eliminatoria comenzó en un sitio inusual, el pabellón de la Universidad. No sé el motivo por el cual el Obra no disputó aquel partido en el viejo Sar, pero lo cierto es que los primeros 40 minutos se disputaron en la cancha situada al lado de la residencia Monte da Condesa. Y allí se acabó decidiendo un duelo en el que practicamente sobró el partido de vuelta, dada la superioridad final del equipo que entrenaba Javier Casero sobre los obradoiristas.
Aller también jugó aquella eliminatoria (Foto: RetroACB)
Es verdad que el partido de ida resultó igualado. En el minuto 30 ganaba el Obradoiro (66-65) gracias al extraordinario partido de José Antonio Gil -autor de 24 puntos-, bien secundado por Modrego y Carlos Pérez. Pero el OAR pisó el acelerador en la parte final y se acabó llevando el partido con solvencia (74-91), dejando sentenciada la eliminatoria. Demasiado castigo para el Obra. O demasiado premio para un OAR en el que también brillaban Loureiro, Ernesto Delgado, Fede Ramiro, Saldaña o Manolito Aller. Un señor equipo, todo sea dicho.
La ficha de aquel partido es la siguiente:
-OBRADOIRO (74): Modrego (14), Gil (24), Millán (6), Carlos Pérez (14), Pagés (10), Corts (6), Aldrey, Rivera -OAR FONDOMAR (91): García (4), Delgado (25), Cesare (4), Loureiro (24), Ramiro (16), Viñas (6), Aller (6), Saldaña (2), Fernández (4).
-Árbitros: Sanchís y Recuenco
El partido de vuelta no tuvo mucha historia. Se jugó en el pabellón de Punta Arnela -todavía no se había hecho la mudanza al de A Malata- una semana después, el 10 de abril, y la victoria cayó de nuevo del lado ferrolano (94-84). El OAR fue siempre por delante y su victoria nunca estuvo en peligro. Mucho menos la eliminatoria, dado que el Obradoiro tenía que remontar 17 puntos. Eso sí, el Obra dio la cara en todo momento y no bajó los brazos.
Así fueron los 80 minutos del Obradoiro en la Copa del Rey. El premio para el vencedor de aquella eliminatoria de abril de 1983 fue jugar los cuartos de final contra el Barcelona. Es una recompensa que todavía no ha saboreado el Obra: jugar (al menos) unos cuartos de final de este torneo. Porque lo de jugar la Copa sí sabe lo que es.
Escrito por El Obra tiene historia a las 23:28
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Hace unos días se celebró en aguas de la ría de Arousa la XX edición del Memorial Nacho Rey de clase Snipe, una regata encuadrada en el calendario oficial de la Federación Gallega de Vela. Muchos de los que seguís este blog os preguntaréis por qué se habla aquí de náutica. Pero la respuesta es sencilla: Nacho Rey no solo fue un excepcional regatista, sino que también fue un gran jugador de baloncesto. Y entre los equipos en los que militó están el Bosco de A Coruña, el Breogán y, por supuesto, el OBRADOIRO.
Nacho Rey, con la camiseta del Obra
Ignacio Rey Barreiro-Meiro, Nacho para casi todo el mundo, formó parte del primer equipo que tuvo el Obradoiro en toda su historia allá por octubre de 1970. En aquel equipo entrenado por José Manuel Couceiro, Nacho Rey compartió vestuario con Caldas, Pablito, Barca, Pilis, López, Masaguer... El Obra debutaba en Tercera División y terminó la temporada en tercera posición tras ser campeones de invierno.
Con el 14, en un equipo campeón de los Juegos del Cantábrico El entrenador, de traje, era José Manuel Couceiro (Foto: enviada por Jano Harguindey)
Nacho Rey dirigía al equipo (debía de andar por el 1,90) y era una especie de jugador total. Anotaba, pasaba y defendía. Facía de todo. El 18 de octubre de 1970 el Obradoiro disputó su primer partido como local, con victoria frente al Bosco de Vigo (63-36), y la crónica del día siguiente contaba que Nacho "tiene en su haber unos magníficos pases y tapones". Precisamente, me han contado que un amistoso le llegó a poner un tapón a Clifford Luyk, y que el Real Madrid invitó a aquel chaval de Vilagarcía a pasar un mes de verano en una especie de campus de tecnificación para promesas. Pero Nacho dijo que no. Porque en verano le esperaba el mar, por mucho que el Madrid llamase a su puerta.
En un partido con el Obra, Nacho es el 1º por la izq. (arriba) Aquí sale con Rafa Reparaz, Tonecho, Owi, Caldas, Gil, Pita...
Por desgracia, Nacho Rey falleció a principios de los noventa por una dolencia cardíaca y no le podemos preguntar si le gustaba más el basket o la vela. Creo que el baloncesto le encantaba. Y lo demostró especialmente en el Bosco. En este equipo consiguió algo histórico para el basket coruñés: formó parte de la plantilla que ascendió a la actual ACB en 1968. Nunca más la ciudad herculina volvió a celebrar un ascenso a la élite del basket. Fue algo irrepetible para todos aquellos coruñeses que vivieron las aventuras de aquel Bosco Revoltosa. Hay que recordar que fue la primera vez que un equipo gallego llegaba a la ACB.
Pero si en el baloncesto destacaba, la vela tampoco se le daba nada mal. Nacho y su hermano Jacobo formaron una pareja de regatistas que a finales de los 60 era conocida en todo el ambiente náutico de Galicia. En 1968, Nacho (de patrón) y Jacobo (de proel) ganaron el campeonato gallego de Snipe que se celebró en Vigo, representando a un club arousano, el Real Club de Regatas de Galicia. Repitieron título en 1969, año en que también se hicieron con la Copa Galicia y la Copa Generalísimo.
Nacho (1ª por la izq.) y su hermano Jacobo (a su lado), tras lograr el campeonato gallego de clase Snipe (1968)
Ojo a la foto que está justo arriba. Nacho Rey y su hermano Jacobo están en la entrega de trofeos tras conseguir el campeonato gallego de Snipe en 1968. Los otros dos regatistas que están a su lado, que habían ganado en la clase Vaurien, son César Novoa (el primero por la derecha) y Pedro Campos. Este último ha llegado a ser uno de los mejores regatistas del mundo.
La cuestión es que los hermanos Rey no solo dominaron en la vela gallega y acudieron a varios campeonatos de España, como el que se celebró en la Manga del Mar Menor. Incluso participaron en la semana preolímpica de Kiel (Alemania) de 1969, un torneo preparatorio para los Juegos Olímpicos de Munich 72. Aquella prueba valía para el campeonato de Europa y Nacho y Jacobo quedaron en segunda posición. Poco importó que unos días antes se hubiesen cruzado media Europa en su coche particular con el barco a remolque y un colchón en los asientos traseros, para que pudiese descansar el que no conducía. Toda una odisea.
Nacho Rey, en un partido de verano en Vilagarcía (Foto: Baloncesto 1958-2008, de Teófilo Edicións)
Creo que la victoria en Alemania se les escapó en el último bordo, pero aquellos buenos recuerdos perduraron en el tiempo. Al igual que el recuerdo de Nacho Rey, un deportista total que además fue de los primeros que defendió los colores del OBRA.
Escrito por El Obra tiene historia a las 7:00
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Hoy 10 de septiembre está de cumpleaños José Luis Subías, otro jugador salido de la cantera del Barça que llegó a vestir la camiseta del Obradoiro. Fue durante la temporada 1988-89, una época complicada porque el Obra había conseguido plaza para competir en Primera B a última hora tras haber perdido la categoría unos meses antes en Andorra. Finalmente se logró la permanencia, y a ella contribuyó Subías sobre todo con su gran arma, el tiro exterior.
Con la camiseta del Obradoiro
En su etapa en Obradoiro, Subías (1,93) promedió más de 10 puntos por partido y aportó también experiencia en una plantilla muy joven, en la que el más veterano del equipo al inicio de la temporada tenía solo 26 años. Subías había cumplido 25 primaveras cuando llegó a Santiago. En el viejo pabellón de Sar coincidió con Popocho Modrego, Levy Middlebrooks, Cadahía, Baeza...
Modrego y Subías, en el Obradoiro
Antes de fichar por el Obra había pasado por varios equipos como el Náutico de Tenerife, Hospitalet, Granollers, Claret Las Palmas o Juver Murcia. Él mismo se lo contó en este artículo a Javier Ortiz, además de revivir todos los grandes momentos que le ha dado el baloncesto.
Con el Juver (Foto: Gonzalo Belay)
Nuestro prota de hoy llegó a disputar más de 50 partidos en ACB, y otros muchos en la actual LEB. En el Obra hizo su mejor partido en la jornada 13 frente al Caja Badajoz, en la que enchufó cinco triples y se fue hasta los 27 puntos. Su entrenador, Julio Bernárdez, lo definía así al comenzar la temporada: "Es un privilegio que esté en nuestro equipo; su cualidad es el tiro, aunque pienso que no debe limitarse a tirar porque puede ser un gran defensor por sus condiciones físicas, y puede ser también un buen pasador".
Antes de convertirse en un clásico de los 80, José Luis Subías fue junior del Barça y también participó activamente en las categorías inferiores de la selección española. Fue internacional juvenil y junior, y compartió vestuario con gigantes del basket de la época como Fernando Martín o Andrés Jiménez. Él pertenecía a la generación del 62.
Equipo Junior del barça. Subías es el 14, abajo (Foto: FB de Juan Antonio Flores)
Esos chavales consiguieron la medalla de Bronce en el Europeo Juvenil disputado en 1979 en Damasco. Y rozaron el bronce (fueron 4º) en el Junior de 1980 en Celje. Subías también fue compañero de selección de otros clásicos del baloncesto de los 80, como Freixanet, Farfán, Eduardo Lada o José Antonio Orbea, que también jugó en Obradoiro. Los entrenaba Aíto (en Damasco) y Pinedo (en Celje).
Selección española Juvenil, en el Europeo de Damasco 1979 Subías está abajo, el tercer jugador empezando por la derecha (Foto: FB de José Antonio Orbea)
Y para terminar, una curiosidad. En ese Europeo Juvenil de 1979 se produjo una de las (probablemente) mayores palizas de la historia de la selección española. Digo probablemente porque parece difícil igualar el 163-57 que le infringió España a Austria en aquel campeonato. 163 puntos!! El Mundo Deportivo tituló aquella crónica explicando que España había conseguido ¡4 puntos por minuto! De esos 163 puntos, 26 los anotó José Luis Subías Juste.
Escrito por El Obra tiene historia a las 10:49
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"En el primer entrenamiento ya nos dimos cuenta de su calidad; a pesar de sus problemas físicos evidentes, era un superclase". Este es uno de los recuerdos que tiene Charlie Uzal al ser preguntado por Rod Griffin, el último norteamericano que tuvo el Obradoiro antes del período oscuro fuera del basket profesional. Rod había cumplido 35 primaveras cuando llegó a Santiago con la temporada 1991-92 ya iniciada. Jugó medio cojo y lastrado por las lesiones, pero Griffin es uno de los extranjeros de más calidad (baloncestística y personal) que han pasado por el club. Hay unanimidad sobre ello.
Solo un pequeño detalle confirma la primera parte: es el único jugador elegido en 1ª ronda del Draft que ha militado en el Obradoiro. Y su calidad humana la refrendan los que fueron sus compañeros en aquel Onza de Oro, el último equipo profesional del Obra antes de iniciar la travesía por el desierto de los tribunales. Las imágenes rescatadas de aquella época confirman además que Rod era un auténtico fenómeno sobre la pista.
"Nos habían dicho que había sido "all America" en su etapa de NCAA y que había jugado a un gran nivel 12 años en Italia", rememora Uzal, uno de sus compañeros aquella temporada y actual segundo entrenador del Basquet Coruña. Es cierto. Griffin participó en más de 300 partidos en el potente basket italiano de los años 80 antes de recalar en el Obradoiro aquel mes de octubre de 1991. Pero antes había sido una estrella universitaria.
Griffin había nacido en 1956 en un pequeño pueblo de Carolina del Norte llamado Fairmont. Sin salir de su Estado cursó sus estudios en la Universidad de Wake Forest, la misma de la que salieron años después Tim Duncan o Chris Paul. Allí lo bordó: cuatro temporadas liderando a los Demon Deacons, con numerazos que llegaron al sobresaliente en su último año: 21,5 puntos y 10 rebotes por partido. Y todo ello sin tener un físico demoledor para luchar en la zona. Las estadísticas hablan de un 6-7. Un tío de 2 metros pelados que lograba el galardón de Jugador del Año en la Atlantic Coast Conference (ACC), en la que participaban centros de primer nivel como Duke o Maryland.
En el draft del 78 Rod Griffin fue elegido en el puesto 17 por los Denver Nuggets. Nuestro protagonista llegó a firmar ese verano un contrato con la franquicia pero no llegó a debutar. Fue cortado unas semanas antes de comenzar la competición al no convencer a los técnicos del equipo. Y ante la falta de perspectivas decidió marcharse a Italia, siguiendo el mismo camino de otros tantos jugadores jóvenes que tras terminar la NCAA no encontraban hueco en la NBA.
Con el 32, en otra imagen de su etapa universitaria (Foto: http://photostore.newsobserver.com)
Lo que probablemente no imaginaba Griffin es que ese viaje a Europa iba a ser casi un camino casi sin retorno. Italia ha sido desde entonces su casa, salvo dos breves aventuras: una en Suiza (Ginebra) y la otra en España. En el Obradoiro.
UNA PANTERA EN ITALIA
Rod Griffin llegó a Italia en 1978 y no se marchó hasta 1991. En el basket italiano pasó por varios equipos pero donde dejó una huella más profunda fue en Forlì, una ciudad algo más grande que Santiago situada al norte de Italia, relativamente cerca de San Marino. En Forlì Rod Griffin pasó a ser una leyenda: jugó siete temporadas consecutivas, ascendió al equipo a la Lega y se ganó el apodo de Pantera Negra. Después de Forlì estuvo en otros equipos (Livorno, Montecatini, Cremona) e incluso regresó a Forlì.
Con el 9, en Montecatini
En Italia brilló. Siempre fue el líder anotador del equipo, con temporadas muy brillantes como la 81-82 (promedió 24 puntos-11 rebotes) o la 88-89, en la que llegó a 24-9. Hay que recordar que la LegaDue en los años ochenta permitía dos extranjeros por equipo, lo que la situaba a un nivel muy superior a la Primera B. Por ejemplo, Griffin coincidió en Cremona en esa temporada 88-89 con Dave Lawrence, otro americano drafteado (en 2ª ronda por Portland) que poco antes había estado en la ACB en el Baskonia.
La experiencia italiana de Rod Griffin hizo una pausa en octubre de 1991, cuando al fin se cruzó su camino con el de Obradoiro. Griffin estaba sin equipo tras haber sustituido durante varios meses en Forlì a un tal Bob McAdoo. Y el Obra necesitaba imperiosamente un americano después de que los dos anteriores (Jimmy Wright y Nance) no rindiesen y tras el fallido fichaje de Veljko Petranovic. Hubo acuerdo y Rod Griffin firmó un contrato con nuestro club.
"PUEDO JUGAR DESDE ESCOLTA HASTA PÍVOT"
Griffin fue presentado como jugador de Obradoiro el 17 de octubre de 1991. Pero tardó varias semanas en demostrar que pese a sus 35 años era un jugador de primer nivel. Llevaba un tiempo inactivo y le costó ponerse en forma y dejar atrás los kilos de más con los que llegó a Santiago. Cuando comenzó a carburar, el equipo dio un salto de nivel que le permitió volver a competir en una temporada en la que empezó perdiendo nueve de sus diez primeros partidos.
Pero lo que más sorprendió de Rod en su llegada a Santiago fue su carta de presentación. "Puedo jugar desde escolta hasta pívot, pasando por alero o ala-pívot", declaró a la prensa. ¿Un tío de 2 metros y 35 años jugando de escolta? Pronto se comprobó que lo que Griffin decía no era un farol.
Charlie Uzal todavía lo recuerda pese a que han pasado casi 25 años. "A mí lo que más me sorprendieron de él fueron dos cosas. Una, que cojeaba al andar y no hacía los gestos normales al correr. Y la otra, que venía como ala-pívot y Tim Shea le dejaba subir el balón... y no se lo robaban". Uzal era uno de los junior del Obra aquella temporada y no entendía que, con sus problemas físicos, Griffin"era capaz de anotar con esa facilidad y sobre todo subir el balón (haciendo de base) de espaldas, andando como hacía Magic y nadie se lo quitaba".
El día de su debut con el Obradoiro, octubre de 1991 (Foto: Recorte de El Correo Gallego)
Otro compañero suyo, José Luis Ferreira, también recuerda la cara y la cruz de Griffin, su calidad y sus problemas físicos: "Era un pedazo de americano, veterano, muy buena persona. Hizo muy buena temporada y nos dio un plus en la segunda vuelta de la liga. Lo malo es que estaba casi cojo, lo que mermaba su velocidad". Nuestro protagonista permanece igualmente en la memoria de Koke Rama, otro de sus compañeros aquella temporada: "Era un jugador de 2 metros escasos, pero con mucha clase y un salto muy elegante a la hora de finalizar las jugadas en mate, tambien tiraba de fuera con buenos porcentajes. Tenía unas manos enormes y cogía la pelota como si fuera una de tenis. El físico engañaba porque era más bien gordito... pero era muy listo jugando."
Con la camiseta del Obradoiro
En este vídeo se pueden ver lo que aportaba Rod en la pista: anotación, rebote, una visión de juego descomunal y esa insólita capacidad para subir el balón como si fuese un base. Las jugadas pertenecen al partido Obradoiro-Guadalajara jugado en Santa Isabel, y está sacado (como no) de la imprescindible página web de Mirón, donde se puede ver el partido completo.
Griffin debutó con el Obradoiro en un partido en Santa Isabel frente al Cáceres. La crónica de El Correo Gallego narró el gran debut, pese a que fue insuficiente para que la victoria quedase en casa. A pesar de estar todavía en baja forma anotó 22 puntos y capturó 9 rebotes, "alguno de los cuales hizo levantar al público de sus asientos". Esa fue la tónica en el resto de la temporada. A falta de contabilizar algunos partidos, Griffin promedió en el Obradoiro 23 puntos y 11 rebotes, registros espectaculares teniendo en cuenta su edad y estado físico.
Titular de El Correo Gallego el día del debut de Griffin
Pero sus compañeros también coinciden en resaltar la calidad humana de Rod Griffin, equiparable a su talento sobre la cancha. "Era un auténtico profesional, no un mercenario", recuerda José Luis Ferreira. "Se cuidaba muchísimo e irradiaba seguridad. Un auténtico veterano curtido en mil batallas, que animaba como el último de los juniors, del que aprendías mucho y al que cualquier entrenador quiere tener en su equipo", subraya.
DELICIOUS MARISCO
Con la ayuda de las redes sociales y a través de Francesco Mazza, del Scirea-Ca'Ossi Basket, consigo localizar a Rod Griffin. Sigue en Italia, a donde regresó tras jugar en Suiza en la temporada 1992-93. Continuó ligado al baloncesto. Y desde allí nos envía dos mails contándonos sus recuerdos sobre su paso por Compostela, su experiencia en el Obradoiro durante aquella temporada 91-92 y su vida actual.
Otra imagen de su etapa italiana
Lo primero que nos relata es que tanto él como su mujer, Valeria, se sintieron muy cómodos en Compostela. Recuerda los paseos por la "old city", las visitas a la Catedral y cómo exploraba las callejuelas de la zona vella.
Pero también hace una mención especial a la gastronomía. "En Santiago la comida era excelente. Nosotros amamos el marisco, y el marisco allí era soberbio". Rod comía todos los días en el restaurante Vega (en República del Salvador) con otros compañeros del Obra. No recuerda el nombre del establecimiento, pero sí que sus propietarios eran Manolo y Luis. Lo que no ha olvidado es el "delicious" pulpo a la brasa que pudo probar. O fuera de la gastronomía, las partidas de billar y ping-pong con Chete Pazo, otro integrante de aquella plantilla al que Rod casi doblaba en edad.
¿Y en lo deportivo? Pues aunque la temporada 91-92 fue un desastre en lo extradeportivo y acabó fatal en lo deportivo (con el descenso de categoría), Griffin solo tiene buenas palabras de aquella experiencia pese a los viajes de hasta 18 horas en autobús recorriendo España o los cambios de entrenador. "Mis compañeros fueron muy buenos conmigo, ellos me hicieron sentir en casa, tuvieron paciencia conmigo porque yo me perdía algunas veces en los entrenamientos, pero ellos lo entendieron porque yo soy un fiero competidor y odio perder", me explica.
Pero Rod también se llevó de recuerdo a Italia el cariño de la afición obradoirista, que pudo disfrutar en el pabellón de Santa Isabel. "Fue una sensación bonita escuchar a nuestros fans cuando me coreaban "tor-e-ro, tor-e-ro, tor-e-ro" durante algunos de nuestros partidos. Creo que terminamos últimos o penúltimos, pero luchamos todo el tiempo hasta el final". E incluso se toma con humor los graves problemas de pago que hubo aquella temporada: "La única cosa negativa fue que me pagasen todo mi dinero. Todavía estoy esperando... nunca es demasiado tarde!!"
EN LOS BANQUILLOS
Rod Griffin, tras jugar cientos de partidos sobre la cancha, ve ahora los partidos desde el banquillo. Es entrenador y tiene experiencia como entrenador en LEGA Due y como asistente en la LEGA."Actualmente entreno a dos equipos, uno de sub-19 y otro de sub-17. Estoy preparado para entrenar a equipos senior, pero aquí todo es complicado con la crisis". Y aunque Obradoiro tiene un cuerpo técnico excelente, está bien saber que hay un buen tipo dispuesto a regresar a España. "Quizás Obradoiro necesite un entrenador. Me encantaría volver!!", nos cuenta.
Griffin, en la actualidad (Foto: pianetabasket.com)
La pantera de Forli adquirió la nacionalidad italiana en abril de 1997 y, pese a que no se cierra puertas, ha pasado la mayor parte de su vida en la Bella Italia. Pero deja buen sabor de boca conocer que el último americano del Obra antes de la travesía judicial guarda un buen recuerdo del club y de la ciudad. "Mi estancia en Santiago y con Obradoiro fue una experiencia fantástica y no la cambiaría por nada", nos cuenta Rod.
A sus 58 años, Roderick 'Rod' Griffin tiene y tendrá un importante hueco en la historia del Obradoiro por ser el único jugador elegido en 1ª ronda del Draft. Aunque los testimonios de sus compañeros y su actitud demuestran que, como persona, también ha sido y es un tío de 1ª ronda. Y de los puestos altos, además.
================ (Este artículo ha sido posible gracias a la colaboración de José Luis Ferreira, Charlie Uzal, Koke Rama, Tonecho Lorenzo y, por supuesto, a Rod Griffin)