sábado, 22 de febrero de 2014

Un 22 de febrero, pero de 1977, el Obradoiro terminó de jugar el que probablemente haya sido el partido de baloncesto más largo que ha disputado en toda su historia. Un encuentro que había comenzado a mediados de noviembre en un barrio de Málaga y que, tres meses después, concluyó con final feliz para el equipo santiagués. Hoy alguno de sus protagonistas recuerda con humor unos hechos que en el basket actual parece imposible que puedan pasar. Pero en la recién estrenada democracia española sí sucedían.

Plantilla del Obradoiro 1976-77
Esta historia comenzó un 14 de noviembre de 1976 en Málaga. Antes de que el Unicaja fuese una realidad había un equipo en la Costa del Sol que acababa de ascender a la Segunda División -la actual LEB- llamado Miraflores. Y a tierras malagueñas se desplazó el Obradoiro con el objetivo de traerse de vuelta una alegría tras iniciar de forma esperanzadora aquella temporada 1976-77, la cuarta consecutiva en la categoría de plata del basket español: un balance de tres victorias en cinco partidos.

Es cierto que el rival en esa jornada 6 era un recién ascendido a la Segunda División. Pero a esas alturas el Miraflores no había perdido todavía ningún partido como local. Y su pabellón tenía fama de ser una cancha caliente, con un público muy pegado a los banquillos que animaba con gran forofismo. No era una empresa sencilla la que le tocaba al Obra de Gil, López Cid, Bernárdez, Powell, Quino Salvo, Boni y compañía aquel domingo de noviembre.

Quino Salvo, en la temporada 76-77
Nada más empezar el partido el Obra se puso por delante y cogió rápidamente una cómoda ventaja. En el descanso el marcador reflejaba un 27-47 que dejaba a las claras el dominio del equipo compostelano. Las cosas tampoco cambiaron en la segunda mitad hasta que, con 32 minutos y 7 segundos transcurridos, se rompió el aro de una de las canastas del pabellón. Se supone que alguno de los jugadores machacó con tal virulencia que destrozó el aro. En ese momento mandaba el Obra por 54-68, y como el pabellón carecía de aro de repuesto no hubo más remedio que suspender el partido.

Lo que puede parecer un hecho intrascendente en ese momento fue el centro de una curiosa polémica. Porque el acta arbitral reflejó que el aro lo había roto un jugador del Obradoiro, mientras la prensa santiaguesa aseguraba lo contrario: que había sido el jugador extranjero del equipo malagueño quien se había cargado la maltrecha canasta.

Recorte de El Correo Gallego el día siguiente del partido
El enfado fue a más en el club compostelano cuando la prensa madrileña publicó días después unas declaraciones del entrenador malagueño en las que volvía a acusar a un integrante de la plantilla del Obradoiro de haber perpetrado la polémica acción. Y claro, no había cámaras de televisión que sacasen de dudas. "No le debió de sentar nada bien que en el momento de suspenderse el partido el Obradoiro fuese de una forma tan clara por delante en el marcador", le dedicó El Correo Gallego al coach andaluz.

Sea como fuere, lo más insólito de esta historia es que la Federación Española de Baloncesto no fue especialmente ágil a la hora de tomar una decisión. Finalmente ordenó jugar el tiempo que faltaba del partido, lo que obligó al Obradoiro a buscar una solución lo menos gravosa posible teniendo en cuenta lo surrealista de la situación: tendría que ir a la otra punta de España a jugar un partido de 7 minutos y 53 segundos.

Un partido del Obra en esa temporada
(Foto decida por Tonecho)
LA SOLUCIÓN

¿Cómo se solucionó el entuerto? Resulta que tres meses después de la desfeita de Miraflores, el Obradoiro tenía que visitar la cancha del Mataró el domingo 20 de febrero. Así que, una vez disputado ese partido, la expedición santiaguesa -liderada por José Manuel Couceiro- tomó rumbo al sur y se dirigió a Málaga para disputar ese mismo martes el encuentro suspendido y a continuación regresar a Santiago.

Lo que puede parecer una odisea se recuerda ahora con diversión, porque la plantilla y el cuerpo técnico del Obra se alojó durante esos días en un hotel de Torremolinos, y todos ellos disfrutaron de unas minivacaciones lejos del invierno compostelano. "Fueron tres días de puta madre, lo único que falló es que hubo que jugar el partido", me cuenta entre risas Julio Bernárdez, uno de los juniors del Obra aquella temporada. Han pasado casi 40 años pero Julio no olvida los intentos de entrenamientos físicos en el jardín del hotel, con los jugadores mezclados entre turistas de distintas nacionalidades.

Pero faltaba la guinda del pastel. Porque en el hotel de Torremolinos apareció nada menos que Tonecho Lorenzo. ¿Y qué se le perdía en la Costa del Sol? Pues resulta que esa temporada 76-77 Tonecho estuvo cumpliendo el servicio militar en Melilla, al tiempo que lideraba un equipo en la ciudad autónoma, los Regulares de Melilla. Y aprovechando la proximidad, se acercó a Torremolinos para hacer piña con los que habían sido sus compañeros hasta ese año. Sobra decir que esa temporada Tonecho se hartó de meter puntos en el grupo en el que estaban los Regulares de Melilla. A Tonecho no le he comentado nada de esta historia para que sea una sorpresa. ¿Se acordará? Seguro que sí.

¿Y EL PARTIDO?

¿Y qué pasó con el partido? Pues que se jugaron los escasos 8 minutos y que ganó el Obradoiro (81-76). Uno de los encuentros más largos de la historia del club concluyó ese 22 de febrero con victoria para el equipo compostelano. Se prolongó más de la cuenta, nada menos que 100 días, pero lo importante es que -pese a todo- el Obra regresó a Santiago con el sabor de la victoria. Y con la piel un poco más bronceada, claro...

sábado, 8 de febrero de 2014

"La mejor gente del mundo está en Ferrol. Echo de menos a esta gente, aquí el baloncesto era increible, lo máximo". Palabras de Nate Davis, leyenda viva del baloncesto español, durante un reportaje emitido recientemente por Televisión de Galicia con motivo de la presencia de Nate en España para la grabación de un especial de Informe Robinson. Ferrol sigue ocupando el principal lugar en el corazón y en la memoria de un personaje pionero y único. Admirado por lo que hizo y querido por lo que padeció, por esa triste historia personal que le ha marcado su vida y de la que, a día de hoy, no se ha recuperado del todo. Es guardia de seguridad en una urbanización y acude de vez en cuando a ver a los Atlanta Hawks. El basket sigue ahí y Galicia también.

Nate, en el homenaje que recibió en Ferrol
(Foto: Blog de Basket)
Pero dentro de ese universo en el que casi todos los planetas y estrellas giran alrededor del OAR... ¿Hay sitio para el Obradoiro, por pequeño que sea? La experiencia en Santiago de Nate Davis no es comparable a la de Ferrol. Se reduce a 12 partidos, suficientes para ostentar el récord de anotación del Obra en la élite (41 puntos ante el actual Laboral Kutxa) y para dejar grabadas algunas jugadas en las retinas de las personas que ya acudían al viejo pabellón de Sar en los últimos meses de 1982. Pero solo 12 partidos. ¿Se acuerda Nate de su paso por Compostela? Y lo más importante... ¿Es un buen recuerdo, o ha querido borrarlo como tantos otros momentos ingratos de su vida?

Gracias a los compañeros de Informe Robinson resulta posible despejar esa incógnita. Él mismo accede a recuperar para la memoria aquellos meses en los que fue obradoirista. “[Aterrizar en Santiago] fue muy especial porque era un cambio en mi vida, un paso muy importante; igualmente recuerdo con cariño a los compañeros, gente muy luchadora”, asegura aquel jugador que Mario Pesquera definió como “El extraterrestre”. Le preguntamos por su papel en el Obra, por aquellos 12 partidos. No saca pecho pese a sus exhibiciones. “Meter puntos era la responsabilidad que tenía como profesional, como jugador referencia del equipo”, subraya un hombre que todavía recuerda los dos emblemas de la ciudad: la catedral -es una persona profundamente religiosa- y la lluvia.

Nate Davis con el OAR. El otro americano (con el 4) es Bill Collins
(Foto: Diario de Ferrol)
Nathan Davis debutó con el Obradoiro el 14 de noviembre de 1982 en Manresa, pocos días después de que el jugador franquicia del equipo, Chuck Verderber, se rompiese el tendón de aquiles y ya de paso las esperanzas obradoiristas de tener una temporada tranquila y sin sobresaltos. Su último partido lo jugó en Madrid apenas dos meses después, el 23 de enero. 11 derrotas y solo una victoria, la conseguida en Sar frente a su exequipo (Miñón Valladolid) a principios de año. Una docena de encuentros, una media de 26,7 puntos por partido y algunas jugadas de esas que sobreviven intactas en la memoria aunque hayan pasado más de 30 años.

En el artículo de este blog sobre el paso de Nate Davis por el Obradoiro se hace mención a lo que sucedió en el legendario Obra-Real Madrid de enero del 83, primera visita en partido oficial de la escuadra madrileña a Compostela. Incluido aquel mate cuando el Madrid ganaba de veintetantos y el ánimo de la afición santiaguesa estaba por los suelos. Como contamos en el anterior artículo, un aficionado que lo vio en directo, Ricardo Canosa, lo describía así: “Coge el balón a ocho metros de canasta, se echa a correr, tira el balón contra la tabla, pega un chimpo de la ostia y hace un mate estratosférico. Todos sabíamos que era ilegal y Nate también, por supuesto, pero saltamos todos de nuestros asientos tras haber visto aquello y salimos de allí con una sonrisa en la boca a pesar de la que nos había caído. Ellos pudieron ganar de 30 pero no pudieron parar la mejor jugada del partido”.

Nate, en su época del Obradoiro, el día de su debut
(Foto: Cedida por Tonecho Lorenzo)
Esa jugada tampoco la olvida Abel Amón, uno de los compañeros de Nate Davis en aquel Obradoiro 82-83. Puntualiza que no fue uno sino varios los mates que Nate se sacó de la manga aquella jornada frente a Romay y compañía. Pero incide en el más famoso de todos, el que hizo “que todo el público y el banquillo merengue se pusiese en pie”. Y Abel también engrandece su hazaña contra Baskonia, porque aquellos 41 puntos “hubieran sido 50 de haber triples”. La línea de tres todavía no se había pintado en las canchas de basket españolas cuando Nate Davis jugó con el Obradoiro.

SIN RENCOR

Que Nate Davis guardase un recuerdo no demasiado grato de su estancia en Santiago era una opción factible si se analiza en su conjunto su paso por el Obra. No duró más de dos meses, y el jugador acabó haciendo las maletas a Estados Unidos cansado de unos impagos que mermaron notablemente el rendimiento de toda la plantilla. Además, también tuvo que vivir el adiós inesperado del entrenador (el yugoslavo Todor Lazic) y el agravamiento de los problemas de salud de su mujer.

Pero en sus respuestas no hay un ápice de rencor. “Cada lugar donde he jugado ha sido muy especial, me ha formado y he aprendido mucho”, reconoce. Incluso guarda un buen recuerdo de la que fue, efímeramente, su casa durante unas semanas. “Me encantaba el pabellón del Obradoiro”, nos cuenta Nate de ese viejo espacio deportivo que hoy ya no existe y sobre el cual se construyó el Multiusos Fontes do Sar. Aunque aquí también hay sitio para una anécdota, porque el primer partido (no oficial) que disputó con el Obradoiro tuvo lugar en el pabellón universitario del Campus, en un partido amistoso jugado contra el Peleteiro, como también nos recuerda Abel Amón.

Durante la presentación de Informe Robinson
Lo cierto es que quizás sea osado mitificar el paso de Nate Davis por Santiago dentro de su trayectoria deportiva. Aunque tampoco parece descabellado llegar a la conclusión de que aquellos meses supusieron para él un punto de inflexión en su carrera. Hubo un antes: su estancia en Askatuak y sobre todo en Valladolid, con aquel mítico partido de los 28 puntos jugando con la mano rota. Y hubo un después, el que le convirtió en leyenda del baloncesto y de las calles ferrolanas. Y en el medio, Santiago. ¿Volvió a sentirse jugador? “Siempre me sentí jugador, siempre creí en mí; y sabía que solo tenía que tener fe y trabajar cada día, tenía el apoyo de mi familia”.

Además de no dejar sitio para el rencor, incluso tiene un hueco para celebrar a su manera que el Obradoiro haya retornado a la ACB tras casi dos décadas de penurias e injusticias. Se alegra por el club, porque “la vida a veces conlleva luchar mucho”. Pero sospecho que se alegra sobre todo por Galicia, porque esta tierra “debe tener equipos en la alta competición, es un lugar de baloncesto”. Son las paradojas: Nate vivió un Obradoiro roto y un OAR en la cumbre. Hoy los papeles se han intercambiado, aunque por unos días Ferrol ha recuperado los momentos de gloria que Nate Davis protagonizó en la ciudad departamental. Esos momentos que ninguna ciudad debe perder.

(Artículo publicado en el número 3 de la revista SCQ Basket)

sábado, 1 de febrero de 2014

Un 1 de febrero, pero de 1981, el Obradoiro acabó perdiendo contra el Patronato Bilbao en tierras vascas por un ajustado 88-81. Era la jornada 16 de la Primera B. Hasta aquí, nada lejos de lo normal. Lo peculiar viene cuando observamos el titular de la crónica de El Mundo Deportivo: "Obradoiro, todo en contra". ¿A qué viene eso? ¿Un mal de ojo? ¿Una indigestión previa al partido? Pues no! La razón está en que el Obradoiro acabó con solo 3 jugadores en pista.

Plantilla del Obradoiro 1980-81
(Foto: Charlas bajo la canasta, de Luis Alberto Rey Lama)
A lo largo de la segunda mitad los jugadores del Obra se fueron cargando de faltas personales y abandonando la pista. El primero en ser eliminado fue Manolo Vidal (minuto 28). A continuación siguieron su mismo camino Eduardo Echarri (m.32), Mario Iglesias (m.34), Julio Bernárdez (m.37) y García (m.38). Se quedaron en pista los otros tres solitarios: Cobelo, Alonso y Boni Rodríguez.

Le he preguntado a algunos protagonistas por lo que pasó en Bilbao aquel 1 de febrero. Eduardo Echarri no se acuerda de aquel partido. Y Manolo Vidal reconoce que lo recuerda "vagamente", aunque nos cuenta algo que refleja lo mucho que ha cambiado el basket en las últimas décadas. "Era habitual que allí los arbitrajes fueran bastante caseros y que pitasen muchas faltas; de hecho el quedar con 3 jugadores también me ocurrió allí con el Peleteiro", explica.

Cobelo, Bernárdez y (abajo) Mario Iglesias
(Foto: Charlas bajo la canasta, de Luis Alberto Rey Lama)
Aunque parezca increible, el Obradoiro peleó el partido pese a acabar sobre el parqué bilbaíno con 3 jugadores frente a los 5 del rival. "Tuvimos opciones de ganar hasta el final", recuerda Manolo Vidal. Y la crónica lo confirmó con estas palabras: "Con solo tres jugadores contaría el Obradoiro para hacer frente los últimos minutos, y dicho sea de paso, lo hizo muy dignamente dada la situación". Pero el Patronato de Davalillo y Mikel Cuadra se llevó la victoria.

lunes, 6 de enero de 2014

La historia del Obradoiro CAB está llena de buenos momentos y éxitos deportivos. Cumplidos los 43 años de historia y camino de los 44, en ese tiempo ha habido de todo: ascensos, títulos, jugadores inolvidables y triunfos colectivos más allá de lo deportivo. Pero también fracasos. Momentos que no son agradables de recordar, y que sirven para valorar el presente y para intentar no repetir errores. La temporada 1991-92 es un buen ejemplo de las experiencias obradoiristas que no gusta relatar. Y en esa historia aparece un jugador que estos meses ha vuelto a la primera línea de la actualidad del baloncesto español: Enrique Azcón Vita. Más conocido como Quique Azcón o simplemente por su apellido: Azcón.

Quique Azcón ha protagonizado en este inicio de temporada la campaña de Endesa y la ACB Basket Lover. Lo hace por ser el jugador de menor altura que ha pasado por el parqué de la ACB desde su fundación. Con sus 167 centímetros, Azcón lanza el mensaje de que muchas veces el esfuerzo y la capacidad de superación permiten alcanzar sueños que a priori son imposibles. “Como muchos niños, me di cuenta de que iba a ser bajito a la vuelta de un verano. No hacía falta ser un lince: de repente, todos en clase me quitaban una cabeza. Sin embargo, hubo alguien que supo ver más allá; alguien que no miraba mi estatura, sino mi talento y mi amor por este deporte. Un entrenador con visión de futuro capaz de hacerme encontrar la energía para seguir adelante”, relata en el spot que estos meses se ha podido ver en las televisiones.

Azcón, en el spot de la campaña de ACB Basket Lover
Pero más desapercibido es el pasado obradoirista de Azcón. No mucha gente recuerda que este base de los de antes -él mismo lo reconoce- tuvo un pasado en el Obradoiro. Una experiencia poco gratificante en la parte final de su carrera que justamente coincidió con el último periplo del equipo santiagués antes de iniciar su larguísima travesía por el desierto de los juzgados y la incomprensión federativa y administrativa. Con gran amabilidad, Quique Azcón no solo accede a recuperar algunos recuerdos de aquella temporada. Con él también hablamos de baloncesto en estado puro: del actual, de como ha cambiado respecto a los años 80. Y del basket de base, en el que continúa metido casi 20 años después de dejar de forma definitiva las pistas. Empecemos por el pasado.

EL PASO POR EL OBRADOIRO

Verano de 1991. El Obradoiro, inmerso ya entonces en la batalla judicial por el caso Esteban Pérez, retornaba a la Primera División tras estar apartado durante un año por una decisión injusta de la Federación Española de Baloncesto, que se vio obligada a readmitir en la categoría al Obra. Y bajo el mando del ferrolano Javier Lorenzo se configuró un equipo que en principio no estaba diseñado para pasar apuros en esa Primera B. Pero nada salió como se esperaba. “Esa temporada fue un desastre a todos los niveles, tanto en lo deportivo como en la estructura”, resume.

Azcón, a la derecha, en su etapa en Obradoiro
(Foto: http://bujacocesto.blogspot.com.es)
Azcón reconoce que la plantilla de aquel Obra 1991-92 “no era mala” y un breve repaso por los nombres que la conformaban le da la razón. Miki Abarca, Paco Dosaula, el fallecido Morty de Francisco (padre de Nacho Martín), Jimmy Wright o un grupo de jugadores gallegos (Rama, Loureiro, Ferreira, Seijo...) con ánimo de reivindicarse. Un equipo diseñado para no pasar apuros en la categoría. Todo lo contrario de lo que acabó sucediendo en la realidad.

El principal hándicap en aquella temporada tuvo que ver con los problemas extradeportivos. Hubo dificultades de cobro desde un primer momento y eso tuvo repercusión en los resultados. Nuestro protagonista asegura que a los 15 días de estar Santiago tenía tomada la decisión de marcharse porque intuía lo que se le venía por delante. Finalmente se quedó. Pero la temporada fue un conjunto de problemas y frustraciones. El Obradoiro comenzó con un balance de 0-5 que ya no fue capaz de levantar. A partir de ahí, destitución del entrenador y sustitución por Tim Shea (que acabaría marchandose justo cuando el equipo comenzaba a carburar), llegada de dos nuevos americanos y la condena a jugar la fase de descenso tras rematar la fase regular 4º por abajo y con un balance de 12-18.

En la presentación del Caja Bilbao-Obradoiro, su último partido con el Obra
(Foto: El blog de Mirón)
Y eso que la fase de descenso comenzaría bien, con una victoria en el pabellón de Santa Isabel frente a Askatuak por 81-71. Pero los otros 5 partidos de la fase fueron un desastre tras otro y el descenso de categoría se confirmó en Santiago después de una durísima derrota por 16 puntos contra el Unicaja Melilla, en el que militaba como jugador el futuro segundo entrenador del Obra Chus Lázaro. “Fue una temporada horrorosa”, resume un Azcón que había llegado a Santiago tras defender -entre otras- las camisetas de Premiá, Mataró, Caja San Fernando y Juver Murcia. Y que pasó por Cajabilbao, Cornellá o Tau Vitoria antes de acabar su carrera deportiva.

El retorno del Obradoiro a la ACB en 2009 le permitió a Quique Azcón cobrar una parte de la deuda que tenía pendente el club con algunos de aquellos jugadores. Pero el pequeno base catalán, formado en la inagotable cantera del Joventut, sí guarda buenos recuerdos extradeportivos de su periplo en tierras galegas. “La experiencia en Galicia y en la ciudad fue extraordinaria”, asegura. Por ejemplo, le sirvió para aprender a distinguir un buen marisco en los mercados de Compostela. Azcón se declara admirador confeso de los crustáceos y, evidentemente, pocos sitios mejores que Galicia para desarrollar esa afición.

OTRO BASKET

Pero cuando se siente más cómodo en la conversación es hablando de basket. O mejor dicho, de lo mucho que ha cambiado el baloncesto desde finales de los 80 hasta la actualidad. Empezando por la alarmante caída de nivel. “Los equipos en aquel momento, en la Primera B, eran muy buenos; era muy difícil competir e incluso la Segunda División aquí en Cataluña tenía mucho nivel”, defiende. En la memoria aparecen aquel Juver Murcia de Davalillo, Esteban Pérez, Mike Philips, Abarca o el propio Azcón. Y aquel Obradoiro de Anger, los hermanos Solsona, Pepe Collins, Dosaula o Modrego.

En su etapa en Caja San Fernando
(Foto: www.espacioligaendesa.com)
¿Tendría sitio Quique Azcón y sus 167 centímetros en el basket actual? “No, yo no podría jugar con este baloncesto”, reconoce. Han pasado solo dos décadas pero el cambio en el deporte de la canasta ha sido de tanta envergadura que no tiene problema alguno en reconocerlo. El motivo probablemente sería el mismo del que habla en el anuncio de la Liga Endesa: ¿quién le haría un hueco en un equipo profesional de baloncesto a un jugador que estaba más cerca del 1,65 que del 1,70?

A su juicio, el gran cambio en el basket moderno ha estado en el paso de los 30 a los 24 segundos de posesión. Eso obligó a cambiar un basket “más estratégico”, en el que el base tenía tiempo para maquinar los esquemas sin la premura del reloj, por un basket más físico y en el que el tiro de larga distancia cambió su papel de invitado por el de protagonista. “Hoy el jugador ya no es un 1 o un 2, son todos 'exteriores'. Yo era pequeño y rápido pero seguro que hoy no jugaba”, admite. El segundo gran cambio vino de la mano de la Ley Bosman y su evidente repercusión sobre las canteras de los equipos.

En un Real Madrid-Juver Murcia
(Foto: www.basketme.com)
Azcón siguió y sigue vinculado al baloncesto. Primero en el campo profesional, en el ámbito de la representación deportiva. Ahora únicamente como miembro de la directiva del Sant Josep de Badalona, en el que jugó hasta hace meses su hijo. Más que una directiva, un “grupo de amigos” que luchan contra las dificultades económicas propias de cualquier club de base gracias al apoyo del empresario Julio Gálvez Puey, en otro tiempo presidente del Aracena, equipo que llegó a militar en LEB. De sus palabras queda claro que sigue creyendo en la cantera como espacio de formación útil para cumplir sueños y disfrutar del deporte. Justo lo que él llegó a conseguir con sus 167 centímetros cuando llego a la ACB.

(Este artículo fue publicado en el número 2 de la revista SCQ Basket. El número 3 ya está a la venta)

martes, 24 de diciembre de 2013

Cualquier obradoirista que cruce el charco y pase por Royal Oak, un suburbio al norte de Detroit, debería hacer una parada técnica en la pastelería situada en el 304 de S Main Street. Porque quizás tenga la fortuna de encontrarse allí con Maceo Baston. Sí, con Maceo Baston. Aquel pívot que pasó efímeramente por el Obradoiro en el otoño de 2010 hace tiempo que colgó sus zapatillas, y ahora se dedica al dulce negocio de promocionar el considerado pastel de moda en medio mundo: el cupcake. Si la ocupación más habitual de un exbaloncestista profesional pasa por seguir vinculado al deporte (bien como entrenador, bien en otras facetas como la representación deportiva), en este caso nuestro protagonista ha optado por una faceta más original y sobre todo más azucarada.

Maceo, tras jugar su último partido con el Obra
(Foto: Fruqui)
Taste Love Cupcakes es el nombre del establecimiento pastelero que en 2011 montaron Maceo Baston, su pareja (Yolanda Baston) y una socia capitalista (Michelle). Parece que el negocio va viento en popa y su pastelería no solo es una referencia en Royal Oak, sino que incluso ha participado en un curioso programa de televisión denominado Guerra de cupcakes, que en España se puede ver en el canal Divinity y que en Estados Unidos está causando furor.

Yolanda y Michelle, con unos suculentos cupcakes
El éxito que está cosechando junto a su mujer y su socia en el incipiente sector de la repostería no es el que obtuvo durante su paso por Obradoiro. Es más, Maceo Baston (un 2,11 tirando a ligero) tiene un hueco en la historia del club porque es el jugador norteamericano que menos tiempo pasó como integrante de la plantilla. Fueron apenas dos partidos. Sus clientes saborean las magdalenas de Taste Love Cupcakes, pero lo cierto es que la afición obradoirista apenas pudo disfrutar de un extraordinario jugador con un currículum brillante y nada anodino. No es que Baston dejase un mal sabor de boca en el obradoirismo: simplemente, no hubo tiempo ni para eso.

Maceo debutó con el Obradoiro en partido oficial en Girona, en la primera jornada de la LEB 2010-2011. Y siete días después puso punto y final a su experiencia en Santiago con una victoria frente a Melilla. Solo dos partidos. Casi 28 minutos. 8 puntos, 3 rebotes, 2 mates, 1 tapón, 9 faltas cometidas y 3 recibidas, 1 asistencia, 2 balones robados y 1 perdido. Todo ello, para 6 de valoración. Ese es el escaso balance que supuso el paso de todo un ex NBA por las filas del Obradoiro. Agarrándonos a la estadística, es cierto que se marchó de Santiago con un 100% de victorias. Aunque cae de cajón que no fue precisamente su aportación la causante del éxito en aquellas dos jornadas inaugurales de la LEB.

Con Deron Washington, el norteamericano que superó
 el récord de Bill Collins (Foto: Fruqui)
El motivo de que Maceo Baston no triunfase en Santiago es fácilmente deducible: su forma física. El estado de forma en el que llegó a Obradoiro aquel mes de septiembre no era el más idóneo. Tras dos jornadas, el jugador decidió utilizar una cláusula de su contrato para marcharse*. No se puede obviar que la carrera deportiva de Maceo encaraba su recta final -llegó a Compostela con 34 años- y que en ese fichaje había mucho riesgo. Pero tampoco se deben ignorar dos cuestiones: que su sustituto fue un Michael Ruffin recuperado para la causa, como ya hemos contado aquí; y que en ese vestuario ya estaban dos jugadores más veteranos todavía: Oriol Junyent (nacido el mismo año que Maceo) y Bernard Hopkins (tres años mayor que él).

¿Por qué era un riesgo fichar a Baston? Lo más llamativo es que llegaba a Santiago tras pasarse una temporada prácticamente en blanco. Una vez anunciado el fichaje bomba, la web Tubasket.com alertaba de que su estado físico despertaba "muchas dudas". "La pasada temporada sólo jugó un partido con el Budivelnyk Kyiv ucraniano: 5 minutos sin anotar ni rebotear", señalaba este digital, que no obstante reconocía el "golpe de efecto" del Obradoiro con este movimiento.

En los gloriosos tiempos de Maccabi
(Foto: Solobasket.com)
Y es que fue un bombazo el anuncio de que Maceo Baston jugaría en el Obradoiro y, por encima, en LEB. Por muy mal que estuviese físicamente el jugador, la afición compostelana iba a ver con la camiseta del Obra a un tipo que hace no tanto era uno de los mejores pivots del continente. Campeón de Europa con Maccabi en 2004 y 2005, y subcampeón en 2006. Máximo reboteador del equipo macabeo en las semis de 2004 (10 rebotes) y en la Final Four de 2005. Alguien capaz de llegar a 15 rebotes en una final de Euroliga (2006), o de meterle 20 puntos a Tau en las semis de aquel torneo. MVP de Euroliga (marzo 2006), 5 veces MVP semanal. Récord de tapones (6) en un partido de Final Four. Y más de 100 partidos en NBA, repartidos en 4 temporadas en Indiana y Toronto.

Durante su etapa en los Pacers, con el 9
Esta foto, con autógrafo, se vende en E-Bay
 
¿Cómo no iba a ilusionarse la afición del Obradoiro con este fichaje? Lo extraño sería no hacerlo. No conviene olvidar que ese verano había sido muy complicado en el ámbito institucional y que el club acababa de descender a LEB tras vivir en pocos meses una montaña rusa de sensaciones. De ganarle al Madrid de Messina y rozar la Copa del Rey a perder 16 de los 17 partidos de la segunda vuelta.
El resto de la historia no hace falta contarla porque es conocida. Maceo Baston se marchó, llegó en su lugar Michael Ruffin, Obradoiro ascendió a ACB y ahí permanece desde entonces. ¿Y Baston? Pues en noviembre de 2010 volvió de nuevo a Israel, el sitio donde más brilló en toda su carrera deportiva. Recaló en el Bnei Hasharon. Duró hasta finales de enero. Siete partidos en la tierra prometida para poner punto y final a una trayectoria profesional brillante, aupada tras ser elegido en segunda ronda por los Bulls en el draft de 1998 y en la que también influyó el hecho de ser elegido defensor del año en la CBA.

PASTELES, BALONCESTO Y SU HIJO

A sus 36 años, Maceo Baston dedica su tiempo a tres cosas: el baloncesto, su hijo y los cupcakes. Sobre esto último, hace meses venía a reconocer en una entrevista en la web de los Pacers que no tiene ni idea de las artes gastronómicas. El negocio va viento en popa pero no es precisamente por su destreza con la manga pastelera. "I'm not a baker", decía al respecto, aunque le reconocía al periodista Scott Agness que el tema de la cocina es "terapéutico" y que le permite seguir siendo competitivo. ¿Harán concursos de cocina los integrantes de la familia Baston al estilo MasterChef?

Sitio web de Taste Love Cupcakes, no apto para diabéticos
Parece ser que la idea de montar Taste Love Cupcakes surgió después de que Baston participase en el programa que desarrolla la NBA para que los exjugadores no se arruinen cuando dejan las canchas. Se trata de ayudarles a poner en marcha nuevos proyectos, y en este caso todo ha salido bien. La pastelería no solo funciona en el entorno, sino que incluso se están planteando expandirse por otras zonas de Estados Unidos. Una de ellas podría ser Texas, donde el jugador tiene familia. O Carmel, el barrio al norte de Indianápolis en el que vivió mientras jugaba en los Pacers.

Yolanda y Michelle, a las puertas de su establecimiento
La aventura empresarial no parece irles mal. Además de la amplia variedad de cupcakes que ofrecen a sus golosos clientes, la participación en el programa Guerra de cupcakes les puso en el mapa. Y no solo eso. Su presencia en el concurso fue todo un éxito y se llevaron un premio de 10.000 dólares. Lo que sueña cualquier emprendedor, vaya. El programa puede consultarse en Youtube. No se recomienda su visionado en horas previas a la comida o la cena.

Pero más allá de los cupcakes, Maceo Baston sigue vinculado al baloncesto como han hecho otros tantos jugadores tras dejar las canchas. Actualmente trabaja en el desarrollo de jugadores jóvenes, entre ellos su propio hijo, Maceo jr. El pequeño de los Baston defiende la camiseta del colegio Detroit Country Day School (en la camiseta se ven las iniciales DCDS), es un 1-2 que mide 6-6 y evidentemente se parece muy poco a su padre en el estilo de juego. Todavía está en edad junior. Queda por ver si seguirá los pasos de su progenitor y continúa sus estudios en la Universidad de Michigan.

Maceo Baston jr
(Foto: miprepzone.com)
Maceo Baston asegura que su primer amor (en lo deportivo) fue el fútbol americano. Ahora lo está del basket y ve en la figura de su hijo "el jugador que yo quería ser". Es de suponer que se referirá a la posición en la pista, porque para igualar el brillante palmarés de su padre lo tendrá complicado. Un palmarés en el que el Obradoiro tiene un hueco muy pequeño, casi imperceptible. Solo dos partidos. Pero siempre estarán ahí.

(*rectificación tras el aviso de Jose Martinon)

domingo, 1 de diciembre de 2013

Hoy toca una artículo cortito, de esos en los que una imagen vale más que mil palabras. La imagen es la que veis a continuación: la publicidad insertada en la prensa de Santiago en el verano de 1988. Así era la campaña de abonados del Obradoiro CAB hace 25 años para animar a la afición compostelana a no dejar de lado al equipo tras un verano muy convulso.


Contextualicemos: el verano había sido terrible para la entidad compostelana. El Obra acababa de descender a Segunda División tras perder en Andorra en el play-out de Primera B, en el que fue también el último partido de Mario Iglesias con la camiseta obradoirista. Y, a ante la ausencia de presidente, una gestora dirigía el club porque nadie se quería hacer cargo de él. El riesgo de desaparición era muy grande.

Sin embargo, en ese mes de agosto de 1988 todo cambió para el Obradoiro. En la presidencia aterrizó el conocido empresario palestino Ghaleb Jaber, propietario del Hotel Araguaney, lo que se tradujo en estabilidad (y capacidad económica) para el club. Y nada más llegar a la presidencia, Ghaleb puso en marcha una campaña para captar socios en la ciudad y alrededores. Hace un cuarto de siglo ya existían las "facilidades para el pago de las cuotas" y los distintos tipos de carnets en función de la edad y el núcleo familiar. El lugar para hacerse socio era precisamente el establecimiento hotelero situado en la esquina de Xeneral Pardiñas con Montero Ríos. Más en concreto, en las galerías de esta última calle.

Ghaleb Jaber llegó a la presidencia del Obra en 1988
(Foto: http://www.fronterad.com/)
Pero lo que más me impacta del anuncio es su línea argumental. A falta de miudiños y de connections, los ideólogos de la campaña optaron por un impactante y directo "EL OBRADOIRO CAB ¡RESURGE!". La elección me parece muy acertada teniendo en cuenta lo que sucedió aquel verano.Y los hechos han demostrado que la campaña surtió efecto, porque (una vez más) el Obradoiro protagonizó una resurrección institucional. En la siguiente temporada se quedó a una ronda de la ACB. Y unas horas antes de escribir estas líneas el equipo acaba de ganar por 4ª vez consecutiva en Illumbe. Por supuesto que resurgió!

lunes, 25 de noviembre de 2013

(Este artículo forma parte del número 1 de la revista SCQ Basket, que no os debéis perder!)

Con 441 partidos de la NBA (Bulls, 76ers, Jazz, Wizards y Bucks), 66 de la ACB y unos cuantos de la LEB a sus espaldas, Michel Ruffin se tiró al parqué del Pazo Paco Paz la tarde-noche del 2 de marzo de 2011 como si le fuese la vida en ello. La suya y la de su familia. Y su esfuerzo no fue en vano: recuperó el último balón, Obradoiro ganó aquel partido frente al COB y, pese a que hubo que esperar a la última ronda del play-off, finalmente consiguió el ansiado retorno a la ACB.

Ruffin, sobre el suelo del Paco Paz: el Obra va a ganar al COB
(Foto: http://obradoirobasketfoto-fru.blogspot.com.es)
Michael Ruffin se marchó de Santiago pocos meses después de la misma forma en que llegó aquel otoño de 2010: de puntillas, muy silenciosamente, sin estridencias. Aterrizó en Compostela como sustituto de Maceo Baston ya empezada la temporada y se marchó dejando al equipo en ACB y aportando su granito de arena en el éxito colectivo en forma de 2,7 puntos y 5 rebotes por partido durante los 40 encuentros en los que defendió la camiseta obradoirista. Fueron las últimas estadísticas de su carrera. No volvió a jugar al basket profesional o, mirando el vaso medio lleno, cerró una brillante trayectoria profesional con la satisfacción del deber cumplido.

A Ruffin lo encontramos ahora en Phoenix, a más de 800 millas de su Denver natal. Como tantos otros jugadores, sigue ligado al baloncesto. En la capital del estado de Arizona se mantiene ocupado entrenando a un equipo de chavales, aunque también ocupa su tiempo con su iglesia y con su amplísima familia. Porque de Ruffin también se recuerda su amplísima prole. “Acabamos de tener nuestro séptimo hijo, que nació el día de mi cumpleaños, el 21 de enero de 2013. Su nombre es Neriah”, nos cuenta.

Uno de los hijos de Ruffin, 'practicando' en Sar
(Foto: http://obradoirobasketfoto-fru.blogspot.com.es)
Precisamente, el número de integrantes de la familia Ruffin convirtió en poco menos que una odisea encontrar un piso en Santiago en el que cupiesen todos sus miembros. Un reto para el club, y más teniendo en cuenta que el norteamericano llegó a Compostela con la temporada ya iniciada, lo que reducía el margen de maniobra. Pese a las dificultades, la búsqueda dio sus frutos y el pívot y los suyos se establecieron en un apartamento situado encima de un conocido restaurante a las afueras de la ciudad.

Solventado ese pequeño problema logístico, el otro reto al que se enfrentó en Santiago fue el de recuperarse físicamente tras sufrir una importante cirugía meses antes. Una misión cumplida al 100% gracias al trabajo y la paciencia de los integrantes del cuerpo técnico del Obra, que se volcaron en la recuperación para la causa de un jugador que estaba cerca de cumplir los 34 años cuando llegó a Compostela. Ese es precisamente uno de los mejores recuerdos que guarda de su estancia en tierras gallegas: “Llegué recuperándome de una operación de rodilla y acabé celebrando un campeonato; Moncho fue un apoyo y nos llevó a ser el mejor equipo que podíamos ser”, rememora desde la ciudad de los famosos Suns.

Agarrado a Yao Ming en la época de los Bucks
(Foto: NBA.com)
Decir que Big Hustle fue decisivo para lograr el ascenso a la ACB sería, probablemente, faltar a la verdad y caer en el elogio fácil a un jugador que ya no está en activo. Y tampoco sería justo dadas las circunstancias, teniendo en cuenta que su presencia en Santiago vino a ser el epílogo a su carrera deportiva, recién recuperado de una lesión grave y lejos del rendimiento deportivo que lo convirtió en un tío capaz de tener casi 20 minutos por partido en los Bulls. Pero tampoco se debe minusvalorar el papel de Ruffin en aquel Obradoiro, cumpliendo en todo momento el rol que Moncho le asignó y aportando como plus la seriedad y la sobriedad marca de la casa. En Santiago también fue Big Hustle, o Ministro de Defensa, otro de los apodos que recibió durante la temporada

Acompañado de Oriol, Hopkins y Kendall, Ruffin asumió ese papel de dar minutos de refresco aportando intensidad defensiva y seguridad en el rebote, una de sus grandes cualidades junto al tapón. Para la memoria no sólo queda aquella recuperación en el Paco Paz. También esa otra imagen en la que, literalmente, levantó por el aire a un rival del Clínicas Rincón que tenía agarrado el balón. Ruffin levantó balón y rival al unísono.

En Burgos, junto a uno de sus hijos tras lograr el ascenso
(Foto: http://obradoirobasketfoto-fru.blogspot.com.es)
Pero, más allá del juego, el pívot de Denver también aportó veteranía y templanza en un vestuario totalmente renovado respecto a la temporada anterior, y que precisamente estaba muy necesitado de líderes y referentes tras la traumática experiencia de la ACB. El año anterior habían pasado casi 20 jugadores por el club, y el Obradoiro –entre otros problemas- careció de una voz autorizada que guiase la nave cuando llegaba la tormenta. Algo por otra parte lógico en un vestuario creado de la nada, algo poco menos que insólito en el deporte profesional.

Esta es quizás la faceta más desconocida de Michael Ruffin, la de un hombre rocoso que vivía el basket en silencio pero muy intensamente. Una persona que lo tuvo cerca en esa temporada rescata una anécdota que permite dibujar cómo era Ruffin como compañero e integrante del equipo.

Hombre de pocas palabras, resulta que el de Denver no hablaba prácticamente nada. Y todavía menos tras una dolorosa derrota en Huesca nada más empezar la segunda vuelta. Fue una semana de entrenamientos durísimos que terminaría con la final de la Copa Príncipe. Los jugadores estuvieron implicados al máximo y, en la final, el Obra acabó ganando la copa en un partido muy duro que Murcia dominaba al descanso. Y fue entonces, una vez terminadas las celebraciones, cuando Ruffin sí abrió la boca.

Machacando en Sar, en un partido contra Breogán
(Foto: http://obradoirobasketfoto-fru.blogspot.com.es)
Dirigiéndose a sus compañeros, Michael vino a decir que todos ellos habían entrenado muy duro durante toda la semana, que se habían dejado la piel y que gracias a ese trabajo el Obradoiro había ganado la Copa. A continuación, instó a todos a mantener ese nivel de entrenamientos hasta el final de temporada para poder conseguir el objetivo, un objetivo que finalmente se logró. Por la emoción del momento o por lo inusual de ver a Ruffin hablando en público, lo cierto es que todos le escucharon como si fuese el mismísimo Obama.

BUEN EPÍLOGO

Con el paso del tiempo, es muy probable que nuestro protagonista guardará un buen recuerdo de Santiago y del Obradoiro. Lo primero, porque fue y será –salvo sorpresa mayúscula- su último equipo como jugador profesional. Y a mayores, porque él mismo reconoce que se sintió muy a gusto en la ciudad. No duda en darle las gracias “a los fans y a la gente de Santiago, porque ellos no sólo apoyaron a nuestro equipo sino también a mi familia”. “Mi hija ha estado pidiéndome que volvamos a visitar Santiago para ver a los amigos que ella hizo; nos encantó nuestra estancia allí”, confiesa.

Celebrando la victoria en Ourense con Nguema y Bulfoni
(Foto: http://obradoirobasketfoto-fru.blogspot.com.es)
Aunque echando la vista atrás, Ruffin ya estaba presente desde 2009 en un partido histórico para el Obra. Fue en aquel Manresa-Obra de la temporada 2009-10, en el que el equipo santiagués consiguió su primera victoria a domicilio en ACB en toda su historia.

¿Y el futuro? Con tantos integrantes en la familia Ruffin, es inevitable preguntarse si alguno de sus vástagos seguirá sus pasos, los mismos que le llevaron a militar en 5 equipos de la NBA, dos de la ACB (Lleida y Manresa) y a colgar las botas tras pasar por el Obra. Ante esa pregunta, la respuesta vuelve a ser la cautela. Reconoce que le encantaría que el apellido Ruffin siguiese sobre las pistas. Y un buen candidato para conseguirlo podría ser su hijo Javon, que con solo 10 años ya está enganchado al deporte de la canasta. Pero nada de prisas ni de agobios: “Solo el tiempo lo dirá”.

Con Levon Kendall en el vestuario de Burgos. Acababa de
jugar sus últimos minutos como profesional
(Foto: http://obradoirobasketfoto-fru.blogspot.com.es)
Hace más de dos años que Michael David Ruffin, 2ª ronda del Draft del 99 por los Bulls, jugó su último partido como jugador profesional. Fue el día que el Obradoiro retornó a la élite en el pabellón El Plantío de Burgos, el mismo día en que el Ministro de Defensa daba por concluida su carrera deportiva. Y se marchó a Phoenix dejando el listón de la profesionalidad bien alto. Lo hizo sin hacer ruido, exactamente igual que cuando llegó.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Noviembre de 2013 será recordado como el mes en el que Nate Davis regresó a Galicia. Y más en concreto, a ese Ferrol en el que vistiendo la camiseta del OAR se consagró como una de las eternas leyendas del basket español, capaz de enseñarle a los aficionados cosas que nunca se habían visto. Un adelantado del tiempo de magia que acuñó la ACB... pero en los años 80. Nate ha vuelto a Galicia y en la memoria aparecen tres equipos, que cada quien ordena según sus vínculos: Askatuak, Valladolid y Ferrol.

Pero Nate Davis, al que Mario Pesquera definió como El Extraterrestre, también jugó en Obradoiro.

Poco se puede decir que no se haya dicho de este jugador único en la época en que llegó a España. Vuelvo a enlazar aquí la historia que escribió ACB.com hace años. También está colgado en la red un vídeo e incluso en este blog hablamos un poco del breve paso de Nate Davis por Compostela. Pero ahora quizás merezca la pena ahondar un poco más en la trayectoria de Nate durante las semanas que estuvo en Santiago durante aquella temporada 82-83, la única del Obradoiro en la élite hasta el retorno de 2009.

Nate, con el 12, en el Cotonoficio-Obradoiro
(Foto publicada en Gigantes que nos pasa Luis Ulloa)
Apenas dos meses duró la estancia de Nate en Santiago. Tiempo suficiente para dejar un recuerdo imborrable para todos aquellos que tuvieron el privilegio de ver en directo su salto infinito y su repertorio de tiro desde cualquier distancia (pese a que no existía todavía línea de 3) en el viejo pabellón de Sar. Fueron 12 partidos y un mate. El mate

Por contextualizar, Nate llegó a Obradoiro tras probar sin éxito en la NBA y para sustituir al lesionado Chuck Verderber, que se había roto el tendón en la quinta jornada frente a Fichet Joventut. Búsqueda de un recambio de urgencia. Cuentan los veteranos, entre ellos nuestro amigo Tonecho, que se pasó la bandeja en una improvisada asamblea de socios en la cafetería de Sar en búsqueda de liquidez para fichar. Así llegó El Extraterrestre a la ciudad del Apóstol.

El debut se produjo el 14 de noviembre en la pista de Manresa. Cuenta la crónica de El Mundo Deportivo que en tierras catalanas se vio a un Davis "fuera de forma", algo ciertamente comprensible cuando llevaba semanas sin jugar a la espera de una oportunidad. Los 20 puntos de Nate no sirvieron para ganar, como tampoco sirvieron los 22 que le endosó en los dos partidos siguientes al CAI en su debut en Compostela y al Estudiantes en Madrid. Esa fue la tónica general durante aquella temporada, en la que las derrotas (24) fueron unas cuantas más que las victorias (2).

El tiro en suspensión de Nate en el viejo Sar
(Foto cedida por Tonecho Lorenzo)
Una vez que Davis recupera su forma física se empieza a ver la mejor versión del jugador. Tras meter 20 puntos al que será su futuro equipo (OAR) y 25 al Barça en el Palau, llegan los mejores partidos de Nate Davis en su breve estancia en Santiago. El primero, el 18 de diciembre contra el Areslux Granollers de Chichi Creus, en el que el Obra roza al fin la victoria y Davis da su primer recital en Santiago: 40 puntos y un tapón que puso en pie al público. Un tapón de un tío que medía 1,94.

La siguiente exhibición -encadenará cuatro consecutivas- será en Badalona contra el Cotonoficio de Aíto. En vísperas de la Navidad, los 39 puntos de Davis tampoco sirvieron para llevar la victoria a Santiago. A ese partido ya no acudió el entrenador Todor Lazic, que ya había viajado a Yugoslavia por una repentina enfermedad pulmonar. Lazic nunca regresó a la capital gallega. Un problema más en una temporada llena de dificultades deportivas y extradeportivas.

En los primeros días de 1983 llegó la segunda y última victoria del Obradoiro aquella funesta e histórica temporada. Fue quizás la demostración de que, en otras circunstancias y con un poco más de suerte, el equipo hubiese podido luchar por la salvación. Los 32 puntos de Davis, unidos a la aportación de Modrego, Lomas, Carlos Pérez, Alberto Abalde, Pagés, Arturo Corts, Orbea, Aldrey, Abel Amón, Pepe Rivera y compañía, permitieron tumbar en Sar precisamente al exequipo de Nate, el Miñón Valladolid (103-102).

EL DÍA DEL REAL MADRID

Y llegó el Real Madrid. El día de Reyes de 1983. Sobre ese partido hizo El Correo Gallego una reseña durante la previa del legendario 78-68 en el que el Obra se merendó en la prórroga al Madrid de Ettore Messina. Ese día no hubo color (70-125) y la escuadra de Romay, Fernando Martín, Iturriaga, Delibasic o Brabender disfrutó de un auténtico paseo militar por Galicia. Pero de Nate Davis no resaltaré sus 26 puntos aquel día, sino EL MATE.

Ricardo Canosa estaba en Sar aquel día y no olvida lo que pasó. "Cerca del final del partido, iríamos perdiendo de 20 o más, la verdadera afición (los que no iban a ver al Madrid) hechos polvo viendo pasar los minutos, camino de lo ya esperado. Y de repente aparece ese Nate como diciendo "bueno joder, estos cabrones nos pasaran por encima, pero de nosotros no se ríe nadie". Coge el balón a ocho metros de canasta, se echa a correr, tira el balón contra la tabla, pega un chimpo de la ostia y hace un mate estratosférico. Todos sabíamos que era ilegal y Nate también, por supuesto, pero saltamos todos de nuestros asientos de haber visto aquello y salimos de allí con una sonrisa en la boca a pesar de la que nos había caído. Ellos pudieron ganar de 30 pero no pudieron parar la mejor jugada del partido", relata.

En aquel momento la situación extradeportiva de Nate estaba muy deteriorada. Los problemas de cobro se habían acentuado y antes de que terminase ese mes de enero ya había hecho las maletas para volver a Estados Unidos. Pero antes de irse todavía tuvo tiempo de dejar su huella para la historia. Fue el 15 de enero de 1983 en el viejo Sar ante el Basconia. Ese día, con 41 puntos, Nathan Davis consiguió la mayor anotación de un jugador del Obradoiro en la élite del basket español. Nunca ha sido superada y es probable que ese récord siempre quede ahí.

Así era Nate: volando y con la cabeza casi en el aro
(Foto cedida por Tonecho Lorenzo)
El último de sus 12 partidos con el Obra se produjo en Madrid el 23 de enero. Nate sólo jugó la primera mitad porque, según la crónica del día siguiente, pidió no salir a jugar por no estar centrado. Su mujer tenía problemas de salud, él alegaba que no podía enviarle dinero a Estados Unidos y finalmente cogió un avión de vuelta. Se marchaba así un jugador que le enseñó al público compostelano cosas nunca vistas antes. "Seguía asombrándonos tirando muchas veces de 8-9 metros, cuando no existía la linea de triple. Su referencia debía de ser la línea del medio campo, cuando la pasaba debía de pensar: "hala, ya puedo buscar un hueco para tirar". Al principio piensas ¿pero qué hace este tipo tirando desde ahí? ¿Está loco?, Pero luego ya te acostumbras y lo ves como normal", recuerda Ricardo.

La contribución numérica de Nate Davis al Obradoiro se resume en una media de 26,7 puntos por partido. Más allá de eso, también dejó en la memoria de muchos obradoiristas algunos recuerdos que 30 años después no se han borrado.