domingo, 27 de mayo de 2012

El 25 de abril es un día distinto dentro del calendario. Algunos lo eligieron para poner en marcha una revolución. Otros simplemente cambiaron su vida. Hay quienes, como los Marcos, celebran su santo año tras año. Y también es un día escrito con letras de oro en la historia del Obradoiro CAB. Porque fue un 25 de abril cuando el club santiagués logró en Mataró su primer ascenso a la élite del baloncesto español. En 1982, año en el que Naranjito vio la luz y en el que el Juan Pablo II peregrinó a Compostela. Era Año Santo, momento idóneo para hacer milagros. Hace unas pocas semanas se cumplieron 30 años de aquella proeza. Por eso ahora la recuperamos.

De la temporada 1981-82 ya hemos hablado en otra ocasión en este blog. El Obra había conformado un equipo joven pero competitivo, que comenzó la temporada como un cohete (7 victorias en los 8 primeros partidos) y que hizo soñar a la afición compostelana con la Primera División (actual ACB) tras once años de existencia del club. El viejo pabellón de Sar se quedaba pequeño. El equipo se mantuvo siempre en los puestos de cabeza. Y lo del ascenso dejaba de ser una quimera para convertirse en un sueño realizable, al alcance de la mano.

Cuentan los que lo vivieron que aquel año se celebraron dos ascensos. O un ascenso en dos partes. Porque la primera tuvo lugar el domingo anterior en Santiago. La victoria obradoirista en el derby provincial frente al Bosco de A Coruña (en un Sar abarrotado) sirvió durante unos minutos para celebrar el cambio de categoría, pero al Hospitalet le dio por ganar su partido y dejó todo pendiente para la última jornada. Tocaba jugarse toda la temporada en el pabellón Josep Mora de Mataró.

El pabellón Josep Mora de Mataró, en la actualidad
(Foto: Blog Never Run Alone
)

Recapitulemos. 25 de abril de 1982. Jornada 26 de la Primera B. El Inmobanco y el Baskonia ya están ascendidos a Primera División y la tercera posición (válida también para subir de categoría) la ocupa el Obradoiro, con 17 victorias y 8 derrotas. En cuarta posición está el Hospitalet. A los catalanes les llega con una derrota del Obradoiro y con una victoria en su casa ante el Juventud de Córdoba (cuarto por la cola) para birlarnos el ascenso. La conclusión es clara: es suficiente con ganar... pero solo vale ganar.

El equipo se desplaza el sábado a tierras catalanas para preparar el partido a conciencia. Y el domingo por la mañana los jugadores llegan pronto al pabellón Josep Mora dispuestos a afrontar aquella gran final. Mientras, los transistores funcionan a pleno rendimiento en Santiago como única forma de tener noticias de un Obra que había llenado el viejo pabellón de Sar jornada tras jornada. Un lector del blog, Marcos Taboada, no olvida ese día pese a tener solo 12 años: "Recuerdo perfectamente el 25/04/1982 (...) era domingo por la mañana y muy soleado en Santiago. Yo jugaba un partido de minibasket en La Salle (...) pero algunos estábamos más pendientes de la radio y de lo que pasaba en Mataró", me cuenta.

Abalde (13) y Lomas (7), luchando
un balón contra un rival
¿Y qué pasaba en Mataró? Pues que el Obradoiro se enfrentaba a un equipo local que, en teoría, no se jugaba nada. Esa es la teoría. En la práctica ya se sabe que estas cuestiones son imposibles de demostrar... pero en Santiago quedó la firme convicción de que el Mataró recibiría una prima en caso de victoria. Aunque también es verdad que el equipo catalán le había ganado dos semanas antes al Baskonia y como local se convertía en un rival mucho más temible.



La cuestión es que en los primeros 20 minutos las cosas se pusieron cuesta arriba. "El partido fue espectacular pero muy complicado, y eso que había venido gente de Santiago a animarnos", explica Julio Bernárdez, ex-jugador del Obradoiro y que esa temporada había sido convencido por Pepe Casal para colgar las botas y acompañarle en el banquillo. Más de 1.100 kilómetros separan Compostela de Mataró aunque eso no fue impedimento para que decenas de obradoiristas cruzasen España en autobús, avión o en vehículos particulares con el único fin de arropar a su equipo. Y eso, paradójicamente, pesó como una losa en los jugadores desde el inicio.

Es cierto que aquel Mataró-Obradoiro empezó fatal. Los catalanes plantearon una zona muy agresiva que se le atragantó a un Obra lastrado por la presión. En la mitad de la primera parte ya mandaba el equipo barcelonés por 12 puntos (33-21). Alberto Abalde lo recuerda con nitidez: "El partido lo vi casi perdido y con esa sensación de remar tanto para quedarnos en la orilla; estábamos muy agarrotados y no nos entraban los tiros", confiesa. Desde el banquillo se tenía la misma sensación. "En la primera parte no estuvimos muy acertados, salimos muy presionados. Y además nos encontramos con un arbitraje caserillo", subraya Pepe Casal. La crónica que realizó Joaquín Lladó para la revista Nuevo Basket refleja esas sensaciones. Un Mataró en el que "todo eran aciertos" frente a un Obradoiro cuyos jugadores "se veían sorprendidos una y otra vez". Parecía repetirse la historia vivida en ese mismo pabellón dos semanas antes, cuando el equipo catalán le había ganado sin apuros a un Baskonia que también terminaría ascendiendo. Dos jugadores castigaban el aro compostelano sin piedad: el alero Luis Varela (terminaría con 27 puntos) y el pívot Carlos Pérez (24), que meses después ficharía por el Obra.

Pero las cosas comenzaron a cambiar a medida que terminaban los primeros 20 minutos. El propio Lledó vincula el inicio de la remontada a un Obra "espoleado por unos seguidores que dieron alas a su equipo". En la grada se escuchaba los bombos procedentes de Galicia y los gritos de ánimo de unos aficionados que incluso se llevaron unas empanadas, tal como recuerda Eduardo Echarri. Quizás el olor de la gastronomía gallega surtió efecto entre los jugadores. "No sé de dónde sacamos fuerzas para remontar", asegura Echarri, quien confiesa la "sensación de angustia" vivida desde el banquillo. La cuestión es que el equipo empezó a carburar y al acabar la primera parte llovía un poco menos: 46-40.

La 2ª parte: el Obra toca el cielo

Probablemente haya dos factores, relacionados entre ellos, que explican lo que pasó después y que justifican la victoria del Obradoiro. Uno es la cuestión psicológica. El otro, el resurgir físico de una plantilla en la que militaban unos cuantos universitarios, donde no había demasiados jugadores profesionales y con la juventud por bandera. "Realmente éramos un equipo para mantenernos... pero en ese momento veíamos que se nos iba el ascenso; no quedaba más remedio que seguir luchando", reflexiona Manolo Vidal, otro de los que consiguió aquella hazaña.

Mario Iglesias, saltando más que nadie

Sobre lo primero, en el vestuario de Mataró hubo una conjura para no repetir los errores de la primera parte. Y en eso tuvo que ver la plena conciencia de que había una colonia santiaguesa en la grada y que otros tantos estaban en Galicia con el transistor en la oreja. "Sabiendo que la gente nos estaba escuchando en Santiago no les podíamos fallar, y al final acabas dando los hígados; después del descanso salimos a morir y yo creo que ganamos por corazón", rememora Alberto Abalde.

Al factor psicológico se le une el físico. Desde el banquillo se ordena una zona 1-3-1 desde el medio campo y con ajustes que, literalmente, empieza a ahogar al Mataró. Pepe Casal recuerda que es el tipo de sistema que popularizó Dan Peterson, el histórico entrenador de la Virtus y del Milán de Dino Meneghin, el equipo que marcó una época en el basket europeo de los 80. "Atacábamos al rival muy agresivos con el dos contra uno", explica Casal. "Y también teníamos muy buenos tiradores. Tuvimos la suerte de que en los dos primeros ataques no les dejamos tirar y ahí cambió todo", añade.

El Mataró empieza a perder fuelle al verse incapaz de superar la trampa defensiva del Obradoiro. Y los santiagueses se crecen. El cronista de Nuevo Basket atribuye la reacción a la defensa y también al poderío ofensivo del tridente formado por Mario Iglesias, José Antonio Gil y Ramón Balagué, que "causaban estragos con sus acciones atacantes". También es clave el trabajo reboteadory defensivo de Alberto Abalde. Al poco de comenzar la segunda parte el Obra logra empatar el partido. Y a continuación se pone por delante. El Mataró se convertía en "una sombra de lo que había sido en las primeras fases del encuentro", relata la crónica.

A uno de los tres miembros de ese tridente, Ramón Balagué, lo localizamos en Cataluña. Vino a hacer el servicio militar a Santiago y se enroló en las filas del Obradoiro. Tres décadas después también se acuerda de aquel partido. "Lo recuerdo con mucha ilusión, bajaron autobuses desde Santiago y estuvo toda la ciudad pendiente; con la ayuda de la afición lo conseguimos", nos cuenta. "En el aspecto físico teníamos unas segundas partes demoledoras, las condiciones físicas eran fantásticas", destaca Balagué, autor de 14 puntos aquella mañana de abril. Un extremo que también confirma Abalde: "Aún recuerdo los entrenamientos por la Herradura lloviendo a cántaros... y aunque llovía, daba igual".

Plantilla del Obradoiro 81-82 que logró el ascenso.
Arriba (de izq. a der.): Julio Bernárdez, Pepe Casal, Abalde,
Balagué, Vidal y Corts. Abajo: Lomas, Vallejo, Echarri,
Popocho Modrego, Montero, Gil, Mario Iglesias y Añón.
Otro de los que defendió la camiseta del Obra en aquel histórico partido es el pívot granadino Arturo Corts. Abogado en la localidad toledana de Consuegra, Corts jugó (y estudió Derecho) en Compostela aquella temporada 1981-82 gracias a una cesión del OAR Ferrol. "Vinieron muchos aficionados desde Santiago y el partido lo ganamos en aquella segunda parte", relata.

La historia de aquellos 20 minutos se resume en que el equipo santiagués logró ponerse por delante en el marcador y nunca volvió a estar por detrás. "Fue clave el gran partido de Gil y Mario Iglesias; en los últimos 10-15 minutos les empezó a entrar todo y nos vimos arriba", resume Manolo Vidal. La igualdad era máxima y eso se reflejaba en los empates a 50, 60 y 68, este último en el minuto 32. Fue ahí cuando llegó el spint final. El Obradoiro empezaba a despegarse y a falta de dos minutos el marcador señalaba un 78-87. Solo una pequeña pájara final metió en el miedo en el cuerpo (84-87) cuando quedaban 42 segundos. Pero una falta en ataque del Mataró y dos tiros libres de José Antonio Gil sentenciaron el partido. La última canasta de Carlos Pérez ponía el 86-89 definitivo. El Obradoiro había ascendido a Primera División.

Con el partido terminado, los seguidores del Obradoiro saltaron a la cancha para celebrar con los jugadores la gesta. El pabellón Juan Rosa de Mataró era testigo de lo mismo que se repetiría 29 años después en la cancha burgalesa de El Plantío. Entre los que no festejaron aquella victoria estaban los jugadores del Hospitalet, presentes en la bancada (su partido se había suspendido por incomparecencia del rival) y deseosos de una derrota compostelana que nunca se produjo. También vivió aquel ascenso en directo Aíto García Reneses, que había acompañado a la expedición obradoirista en Mataró dada su amistad con Pepe Casal. Otra anécdota: Julio Bernárdez tenía un jersey de la Universidad de Santiago considerado talismán. Aquella mañana no se lo quitó... y el Obra logró el ascenso.

Aficionados, técnicos y jugadores se abrazan
tras conseguir el triunfo en Mataró
 Esta es la histórica ficha técnica:

-MATARÓ (86): Lluch (4), Carlos Pérez (24), Varela (27), Pascual (13), Illa (6) -cinco inicial- Ibáñez (2), Pruna (6), Candeal (4).
-OBRADOIRO INTERTISA (89): José Antonio Gil (28), Mario Iglesias (25), Lomas (7), Modrego (4), Abalde (11) -cinco inicial- Balagué (14), Echarri, Vidal, Corts, Montero, Vallejo.
-Árbitros: Ortiz y López Sansano.

Apoteósis en Lavacolla

La celebración del ascenso aquel 25 de abril de 1982 comenzó en la pista del Josep Mora. Pero a esa alegría también se unieron los cientos de personas que escucharon el partido a través de la radio desde Santiago. En la ciudad comenzó a echar humo el teléfono para difundir un mensaje: había que subir al aeropuerto de Lavacolla para recibir a los héroes del ascenso.

Mientras, los jugadores y técnicos del Obra tomaban un avión con destino a Compostela. Y aquel vuelo ya fue una fiesta. Parece ser que el comandante de Iberia felicitó al equipo por la victoria e incluso invitó a champán. "Recuerdo todo en una nube, fue indescriptible, algo inolvidable", reconoce Manolo Vidal. Y es que ni él ni nadie podían intuir lo que les esperaba esa noche en el aeropuerto compostelano. 

Aficionados del Obradoiro en la pista de Lavacolla
El avión procedente de El Prat tomó tierra en Lavacolla y allí esperaban varios cientos de personas. Tal era la expectación y tan pequeña se había quedado la vetusta terminal que las autoridades permitieron algo hoy inimaginable: abrir las puertas de acceso a la pista para que los aficionados recibiesen al equipo. Alberto Abalde opta por un símil histórico: "Hicieron algo especial y les dejaron pasar a la pista; parecía lo de las Copas de Europa del Real Madrid en la época de Franco", comenta entre risas. "Fue una locura, la gente se acercó a la escalera del avión", confirma Eduardo Echarri.

Lavacolla se llenó de cánticos, felicitaciones, y jugadores y técnicos sacados a hombros del edificio. El "problema" es que el aeropuerto de hace 30 años no tenía las conexiones ni las infraestructuras de ahora. Y literalmente se colapsó. Todas las personas que aquella noche estuvieron allí recuerdan las dificultades que pasaron para regresar a la ciudad por la caravana que se formó en la vieja carretera de Lugo. "Tardamos tres horas en volver al centro", relata Julio Bernárdez. "Yo tardé unas dos horas y media en llegar; nadie contaba con que ese equipo pudiese ascender, realmente era un equipo hecho con jugadores de la casa", destaca Pepe Casal como factor clave para explicar la identificación de la afición con aquel Obradoiro 1981-82.

Seguidores del Obradoiro en Mataró, bombos en mano
La celebración de aquel histórico ascenso no concluyó aquella noche. Hubo homenajes, fiestas y recepciones oficiales de varias instituciones. Algunos todavía guardan alguna anécdota, como lo que le pasó a Arturo Corts cuando fueron recibidos por el arzobispo de Santiago, Ángel Suquía. "Fue en el Hostal de los Reyes Católicos y allí estaban el presidente de la Xunta, el alcalde... De pronto, el cardenal me acercó el anillo para que lo besase... y yo le di la mano", cuenta Corts. Actualmente mantiene una vinculación con Santiago a través del Camino, puesto que ya lo ha recorrido en bicicleta desde Somport y Roncesvalles y ahora planea hacerlo desde París. Pero el pívot granadino ha traspasado el gusto por el basket a su sobrino Carlos Corts, base del equipo cadete del Unicaja. Un tiro libre suyo le dio a Andalucía el campeonato de España de Mini en 2009.

Todas las personas que vivieron aquel 25 de abril de 1982 coinciden en señalar que el desenlace final fue un justo premio a una temporada muy brillante en la que la conexión entre el Obradoiro y su gente fue más que decisiva. Es cierto que en las memorias de los protagonistas de aquella hazaña perviven otros recuerdos. Como el barro que rodeaba el viejo pabellón de Sar los días de lluvia, los viajes interminables en autobús o los paseos que se pegaban algunos jugadores al ir a entrenar al pabellón por la sencilla razón de que no tenían coche. Pero nadie olvida a la afición, incluido un protagonista de Mataró: "Hay otras canchas con más gente, como Málaga o Vitoria. Pero el Obradoiro siempre ha sido muy especial, algo inigualable. La pasión que hay ahora en Sar ya la había en 1982... ya existía".

*Artículo escrito en mayo de 2012 con la inestimable colaboración de Alberto Abalde, Ramón Balagué, Julio Bernárdez, Pepe Casal, Arturo Corts, Eduardo Echarri y Manolo Vidal. Y con la gran ayuda de Manuel, por su valiosa información. Gracias a todos ellos.

martes, 17 de abril de 2012

Para leer el artículo sobre Bill Collins visita Obrapedia.com o pulsa en este enlace:

https://obrapedia.com/2012/04/18/bill-collins-que-estas-en-los-cielos/

En un Feiraco-Cajamadrid de la temporada 86-87

viernes, 2 de marzo de 2012

Para leer el artículo sobre Victor Anger, accede a obrapedia.com o pulsa en el siguiente enlace:

https://obrapedia.com/2018/06/05/victor-anger-todo-un-seguro-de-vida/




miércoles, 19 de octubre de 2011

Un muy breve recuerdo para Alfonso Rivera, maestro de entrenadores, que nos enteramos a través de nuestro amigo Tonecho en la retransmisión del Obradoiro-Manresa que se encuentra un tanto pachucho por problemas de salud. Desde aquí le mandamos todo el ánimo del mundo a Alfonso, porque si este blog trata de difundir la historia del Obradoiro, él ha sido protagonista de algunos de los momentos más brillantes del club. Brillantes e inolvidables para todos aquellos que tuvieron la suerte de vivirlos en directo.

Alfonso Rivera, a hombros en el viejo Sar (1975)
Último partido de la temporada 1974-75. El Obradoiro se juega la permanencia en Segunda División, en un pabellón de Sar hasta la bandera y contra un rival de la tierra, la formación lucense de La Casera. Es el Obra de Pirulo, López Cid, Tonecho, Stoczynski, Gil, Andrés Caso, Reparaz... y Alfonso Rivera en el banquillo. La victoria cae del lado santiagués (85-70) con un Dave inconmensurable y un pabellón que empujó al equipo en cada jugada. Alfonso Rivera acabó paseado a hombros por la afición obradoirista, como se puede ver (pese a la mala calidad) en la imagen superior.

Al término del partido, el entrenador salmantino señalaba las claves del partido: "Lo mejor ha sido la fe en el triunfo, no desmoronarse nunca y no dar jamás una pelota por perdida". Cualidades que hoy, más de 36 años después, la afición del Obradoiro CAB exige y agradece a todos sus jugadores.

Discutiendo con los árbitros, en un partido contra el Oviedo
Nacido en Salamanca aunque gallego de adopción, Alfonso Rivera Vega fue profesor de la Escuela Nacional de Preparadores y entrenador nacional desde 1971. En los setenta fue uno de los primeros entrenadores del equipo tras José Manuel Couceiro y Vitolo. En una entrevista en 1975, nada más lograr la permanencia, resumía aquella temporada dejando entrever su forma de dirigir y de conformar un grupo humano: "Si de algo estoy orgulloso es de haber conseguido un equipo disciplinado, con entrega total en entrenamientos y partidos y con una gran fuerza física", aseguraba.

Pero al igual que el ascenso a ACB ha convertido a Moncho Fernández en profeta en su tierra, Alfonso Rivera también se ha encargado de desmentir tópicos y frases hechas, como aquella de que segundas partes nunca fueron buenas. Tras entrenar fuera de Santiago, Alfonso volvía a Obradoiro para lograr en la temporada 1984-85 el histórico ascenso a Primera B y el campeonato de España de Segunda División.


Dando indicaciones en un partido en Sar
En aquella temporada, nuestro protagonista le contaba a la prensa local el secreto de la buena marcha del Obradoiro: "Mis jugadores han cogido el complejo de invencibles". Rivera volvía a destacar casi una década después los mismos factores que en la temporada 74-75, esa en la que acabó a hombros de la afición obradoirista y, como recuerdan las hemerotecas, "a punto de desfallecer" por la gran tensión vivida en el partido contra el La Casera de Fullarton, Pepe Conde...

En una entrevista en el verano de 1975, a Rivera le preguntaban si el papel del entrenador era tan determinante en la configuración de un equipo. La respuesta era un llamamiento a tener paciencia con los responsables de los equipos, que también lo son de grupos humanos. "Si un entrenador lleva bastante tiempo en un equipo, su influencia puede equipararse a la que tiene un director de orquesta. El ritmo, el estilo, la personalidad, los sistemas, la preparación físico-técnica, etc., puede inculcarlos en su equipo... pero con tiempo", explicaba.
Alfonso Rivera y Tonecho, en Sar
Nos queda pendiente una charla sosegada con el maestro Alfonso Rivera, a quien deseamos de corazón que se recupere cuanto antes. Junto a otras personas de banquillo ligadas a nuestra tierra como Vitolo, Couceiro, Carlos Lamela, Julio Bernández, Jorge Peleteiro, Pirulo, Pepe Casal o el propio Moncho Fernández, Rivera ha sido protagonista desde fuera del 28x15 de algunos de los mejores momentos del Obradoiro. Otros están todavía por llegar.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Para leer este artículo pulsa en el siguiente enlace:

https://obrapedia.com/2011/09/28/levy-middlebrooks-solo-con-tres-pulgadas-mas/


Middlebrooks, con el 50, en su etapa en Pepperdine

domingo, 4 de septiembre de 2011

(Artículo escrito en septiembre de 2011)

Comienza la temporada 2011-12 y al Obradoiro le toca estrenarse ante el Lagun Aro GBC. La fortuna ha decidido que nuestro equipo se desplace hasta San Sebastián para iniciar la renombrada Liga Endesa, pero lo cierto es que el Obra lleva muchos años jugando contra equipos vascos. Y es que repasando un poco de su trayectoria, nos encontramos con que el Obradoiro se ha enfrentado a lo largo de su historia con 15 equipos distintos del País Vasco. Algunos están muertos. Otros compiten en la élite europea. Ahí va un breve repaso.

Obradoiro-Vegasa de San Sebastián (Temp.74-75)

DONOSTIA: DON BOSCO, ASKATUAK

El primer partido oficial del Obradoiro contra un equipo vasco tiene lugar en mayo de 1972. El encuentro se encuadra en la fase de ascenso a Segunda División (actual LEB) que se disputó en Valladolid, a la que el Obra accede como subcampeón del grupo gallego de la Tercera División. Y el contrincante será el Don Bosco de Rentería, una localidad muy próxima a San Sebastián. De allí procedía el que será gran rival vasco del Obra durante los primeros años de existencia del club. El Don Bosco se había formado en un instituto de formación profesional de Rentería vinculado a los Salesianos y tenía el potente patrocinio de la Caja de Ahorros provincial. El partido se disputó el 4 de mayo de 1972 y el resultado final (55-52) favoreció al Don Bosco, que terminaría quedando campeón de España y ascendiendo a Segunda División.

Contra el Don Bosco se volverá a medir el Obradoiro durante dos temporadas más, ya en Segunda División. Fue en las temporadas 1973-74 y 1974-75. En la primera, el Obra lograba vencer en el Gimnasio Universitario a los de Rentería (81-71). "Noble y deportivo equipo vasco; sin duda alguna, uno de los grandes equipos de la Liga", destaca la crónica de aquel día. En sus filas, jugadores como Zabaleta, Pintos, Ubarrechena, Yurramendi... Y el Gimnasio atronaba: "Un partido de los que hacen época, el público aplaudió a rabiar las sensacionales jugadas de ambos equipos (...) El Obradoiro superándose a sí mismo, con una actuación colosal de Caldas, Tonecho, Pita y Rafa Reparaz.".

Pero si el Obra ya daba sus primeros (y firmes) pasos, el Don Bosco daba los últimos. Ambos equipos volverían a verse las caras en la temporada 1974-75, con Dave Stoczynski en las filas compostelanas. Los vascos ganaron en Santiago pero el Obra le devolvió la moneda en Rentería (62-74), con un gran partido del norteamericano. Y fue al término de esa temporada cuando el Don Bosco se queda sin patrocinador y termina vendiéndole la plaza a otro equipo de San Sebastián, el Askatuak.

El Askatuak todavía pervive y es el equipo vasco contra el que más veces se ha enfrentado el Obradoiro. Lo ha hecho en cinco temporadas distintas durante los setenta, los ochenta y los noventa. El Askatuak es un auténtico club leyenda del baloncesto español: ascendió a ACB, llegó a jugar la copa Korak a finales de los setenta de la mano de Essie Hollis, volvió a ascender a ACB en la temporada 1987-88 y quiso intentarlo a finales de los noventa, ya en la LEB.

Essie Hollis, con el Askatuak en un partido contra el Real Madrid.
Los duelos Obradoiro-Askatuak comenzaron en la temporada 1975-76. Curiosamente, ese año el Askatuak se estrenó en competición oficial con el nombre de Dicoproga. La historia de este equipo es muy interesante. Dicoproga era una empresa cárnica y, a modo de promoción, llevaban a los jugadores a menudo a comer a un asador con la prensa para hacer publicidad. Casi ningún jugador cobraba. Y la mayoría procedía del Don Bosco, algunos de ellos profesores del centro. Será cuando aparezca José Antonio Gasca, auténtico alma-mater del basket en la ciudad. En esa temporada (1975-76) se enfrentarán el Dicoproga y el Obradoiro de Thorsden, Tonecho y compañía. El equipo vasco pierde en Santiago uno de sus pocos partidos de la temporada (69-64), mientras que en San Sebastián sí ganan los locales.

Obra y Askatuak tardarán casi una década en volver a verse las caras. Fue en mayo de 1985, en una fase de ascenso a Primera B disputada en Córdoba. Nuestro equipo logró una victoria ajustada (77-74) y acabaría siendo campeón de España de la categoría. A partir de ahí, los dos equipos volverían a encontrarse en las temporadas 87-88, 89-90 y en la 91-92, la última del Obradoiro en el baloncesto profesional hasta su regreso en 2009. Tras múltiples problemas económicos, el equipo donostiarra compite ahora en la EBA.
 
Pero Don Bosco y Askatuak no son los únicos equipos de San Sebastián con los que se ha enfrentado el Obradoiro. A principios de los setenta se vio las caras con el CD Vegasa, con el que coincidió en una fase de ascenso a Segunda División -allá por 1973- y dos años después. También se enfrentó durante durante dos temporadas distintas (de 1978 a 1980) con el Juven Saski Baloia. Y ya en la época reciente, el equipo compostelano se midió con el Gipuzcoa Basket (que compite con el nombre de Lagun Aro GBC), único equipo al que el Obradoiro logró vencer dos veces en su retorno a la ACB. Contra ellos afronta el Obra su vuelta a la élite.

LOS TIEMPOS DEL SAN VIATOR Y EL BASKONIA

Con cuatro equipos distintos de la provincia de Álava se ha medido en toda su historia el Obradoiro. Y es evidente que el más conocido es el Saski Baskonia. Contra el actual Caja Laboral ha jugado seis partidos oficiales el Obra, y sólo ha vencido en uno. Fue en el año del primer e histórico ascenso a la élite, en la temporada 1981-82. Curiosamente, esa primavera ascenderían de la mano el Obra de Mario Iglesias, Gil, Modrego, Abalde o Manolo Vidal con el Baskonia de Junguitu, Jiménez, Garayalde o Sautu. Dos trayectorias que no fueron paralelas. El equipo vitoriano se asentaría en la élite hasta convertirse en referencia del basket ACB. El Obra sólo saboreó las mieles de la élite durante una temporada.

Obradoiro-San Viator, en Sar (1974-75)
Pero los primeros duelos con el baloncesto vitoriano fueron con el San Viator, un equipo vinculado a un colegio católico de esta ciudad con el mismo nombre. Del San Viator salieron jugadores como José Ramón Lete, que vestiría la camiseta del Obra, o el actual entrenador del Real Madrid, Pablo Laso.

San Viator y Obra coincidieron en tres temporadas distintas durante la época de los setenta. Especialmente intensos fueron los duelos en la temporada 1974-75, la de Dave. El Obra consigue vencer en tierras vascas (60-62) en un gran partido del norteamericano. Pero los gallegos jugaban con ventaja. Y es que cuentan las crónicas que los vitorianos salieron a la pista sin su extranjero, un tal Sullivan. "Baste con decir que su siguiente hombre más alto es Echeveste, con 1,91 metros de estatura", admitía la prensa, prueba de lo mucho que ha cambiado el baloncesto. La victoria se fue para Santiago.

Los dos equipos volverían a coincidir a finales de los setenta, cuando el equipo vitoriano contaba con el patrocinio de Michelín. Después se centraría en el trabajo de cantera y desaparecería de las competiciones nacionales, al igual que otros dos equipos de la ciudad: el C.D.C. Echevarría y el Gasteiz. Contra el primero jugó el Obradoiro en la temporada 1977-78 y se le recuerda por el curioso patrocinador, Embutidos Peligrín. Con el segundo también coincidió en una única temporada, la 1983-84, en la que el Obra descendió de Primera B a Segunda tras quedar antepenúltimo y el Gasteiz lo hizo todavía peor: terminó en última posición.

BILBAO, CUNA DE BASKET

El baloncesto vuelve a estar de moda en Bilbao gracias al Bizkaia Bilbao Basket, reciente subcampeón de liga con la presencia del ex-obradoirista Kostas Vasileiadis en sus filas. Pero los precedentes de enfrentamientos entre el BBB y el Obradoiro se limitan a la última temporada en ACB, en la que hubo una victoria para cada equipo. Nada que ver con los históricos enfrentamientos entre los equipos de la provincia de Bizcaia y el compostelano. Decenas de partidos durante tres décadas distintas.

Plantilla del Águilas de Bilbao, año 54. (Foto: Deia)
Los primeros partidos del Obradoiro con equipos bilbaínos fueron con el legendario Club Águilas de Bilbao, fundado en los años 50 y en el que militó el gran Emiliano y donde fue jugador y entrenador Antonio Díaz Miguel, que estaba en Bilbao estudiando Ingeniería Industrial. El Águilas jugó durante la década de los 60 en la máxima categoría, hasta que en los setenta comenzó su declive con la muerte de Paco Díez, impulsor de esta entidad y del basket en la provincia. Entre sus jugadores más destacados están Miles Aiken, que fue máximo anotador de la Liga Nacional y acabaría en el Real Madrid. Obradoiro y Águilas coincidieron en tres temporadas (1973-74, 1976-77 y 1977-78). La última fue especialmente dura, ya que supuso el descenso del Obradoiro y el adiós del Águilas a las categorías profesionales.

Además del Águilas, el equipo santiagués puede presumir de haber coincidido durante tres temporadas con el Patronato Bilbao. Éste es el club más antiguo del País Vasco, ya que se fundó en 1950 de la mano de unos ex-alumnos del Patronato, un colegio situado en el casco viejo de Bilbao. En la actualidad todavía pervive e incluso se puede conocer parte de su historia en esta web.

Patronato y Obradoiro se "conocieron" en Segunda División durante la temporada 1978-79, cuando el equipo vasco estaba patrocinado por Forjas Munguía. Y volvieron a verse las caras en la 80-81 y en la 81-82. Como anécdota se recuerda el partido que jugó el Obra en el pabellón de La Casilla en febrero de 1981. El equipo santiagués, entrenado por Jorge Peleteiro, empezó a cargarse de personales y acabó con sólo tres miembros sobre la pista tras la eliminación de cinco jugadores. El resultado es obvio: 88-81 a favor de los bilbaínos, en el que militaba Jota Davalillo, integrante del Júver Murcia y posterior presidente del BBB.

Kopicki (Foto: Deia)
Diversos problemas provocaron el ocaso del Patronato y el relanzamiento de otro club histórico, el Caja Bilbao. Con este equipo llegó a jugar el Obradoiro en dos ocasiones, en las temporadas 1985-86 y en la 91-92. Y en la primera de ellas pisó el viejo Pabellón de Sar uno de los jugadores más recordados de la ACB, Joe Kopicki. El equipo vasco pasó como un ciclón por Santiago (82-97) y Kopicki anotó aquella noche 33 puntos, junto a los 20 de Davalillo. El Caja Bilbao terminaría ascendiendo ese año a la ACB, frente a un Obra que haría una campaña más que digna con uno de sus mejores equipos: Bill Collins, Abalde, Aldrey, Lete, Mario Iglesias, Echarri, Juane, De la Concepción...

Caja Bilbao y Obradoiro volverían a coincidir en circunstancias muy diferentes en la temporada 1991-92. Ambos realizaron una temporada irregular en Primera B y quedaron encuadrados en el grupo de descenso. El Obra no se salvaría y daría inicio a su larga travesía por el desierto. El equipo vasco sí se libraría, e incluso llegaría a ascender a la ACB años después. Pero no pudo hacer frente a la inscripción, lo que supuso la desaparición del equipo.

En este repaso faltan otros dos equipos de Bizcaia: el Escolar de Bilbao y el Tabirako de Durango. Con el primero, un equipo que aglutinaba a escuelas públicas de Bilbao, llegó a coincidir el Obra en la temporada 1979-80. Y con el segundo lo hizo ese mismo año y en la temporada anterior. Todos estos 15 equipos conforman la estrecha vinculación entre el baloncesto vasco y el Obradoiro. Varios ya han desaparecido. Otros los volveremos a ver este año en el Fontes do Sar. Como hace cuarenta años.

jueves, 14 de julio de 2011

La historia de Jimmy Thorsden ya está publicada en Obrapedia.com y puedes consultarla en el siguiente enlace:

https://obrapedia.com/2018/03/07/jimmy-thordsen-un-11-que-triunfo-en-santiago/

jueves, 7 de octubre de 2010

En la intensa historia del CAB Obradoiro figura también un curioso (y poco conocido) acontecimiento que merece ser recordado. Corría el mes de mayo de 1975 cuando el Obra tuvo la oportunidad de jugar un partido amistoso en Santiago contra los Red Storm, el equipo de baloncesto de la Universidad de Saint John's. No hablamos de un equipo cualquiera. Es el quinto equipo de la historia de la NCAA con más victorias, y de sus canchas han salido jugadores como Ron Artest o Chris Mullin, uno de los integrantes del Dream Team.
¿Qué se le había perdido a los Red Storm en Galicia? Resulta que a finales de esa primavera la selección española comenzaba a preparar el Eurobasket que se jugaría en Yugoslavia ese mismo mes de junio, en el que España acabó obteniendo una meritoria cuarta plaza. Y la Universidad de Saint John's, un centro de gran tradición católica situado en el barrio neoyorkino de Queens, aceptó el reto de viajar a la España todavía franquista para jugar varios partidos de preparación contra la selección de Antonio Díaz Miguel, acompañada de otra formación colegial, la Universidad de Notre Dame.

Pero el primer partido en España lo jugó contra el Obra. Fue el 22 de mayo de 1975. El resultado final fue Saint John's 80-Obradoiro 77, aunque las crónicas locales cuentan que el equipo norteamericano, lógicamente, afrontó aquel partido "a medio gas".

A modo de anécdota, recordar que los compostelanos disputaron el histórico encuentro con la ayuda de dos jugadores del Breogán (Sevilla y Alfredo Pérez) y con otros dos de los Red Storm, lo que permitió nivelar el partido y reducir las evidentes diferencias entre un equipo puntero de la NCAA y otro de la Segunda División.

Por parte del equipo santiagués tuvieron la oportunidad de disputar aquel partido Pita, Gil, Domínguez, Reparaz, López Cid, Caldas, Pirulo, Caso, Tonecho Lorenzo y los breoganistas Sevilla y Alfredo Pérez. El Obradoiro "supo poner mucha dignidad en el compromiso", cuenta la crónica de El Mundo Deportivo del día siguiente, pese a que los norteamericanos demostraron ser "un gran equipo y con excelente preparación".

Johnson, en su etapa en Saint John's (izq.) y después en Pacers
Y es que los Red Storm aterrizaron en Santiago con hasta 12 jugadores. Entre ellos figuraba George Johnson, un ala-pivot  de 2,00 elegido en el puesto número 12 del draft del 78 por Milwaukee Bucks. Johnson jugó hasta en cinco equipos distintos de la NBA durante ocho años consecutivos, y más tarde llegó a participar en España, en el Caja Bajadoz y en el Valvi Girona, donde promedió 18 puntos y 10 rebotes. Tras cuatro años, Johnson se convirtió en el mejor reboteador de la historia del equipo universitario.
George Johnson, en su etapa en el Valvi
(Foto: RetroACB)
Sobre George L.Johnson escribió hace unos meses un artículo muy interesante Javier Ortiz, en el que cuenta como el Caja Badajoz fichó a Johnson para jugar en Primera B en la temporada 88-89. Eso significó que 14 años después Johnson volvió a jugar en el viejo pabellón de Sar. Aunque en esa ocasión sí venció el Obradoiro (93-82) con una gran actuación de Middlebrooks, Abarca y compañía.

Volviendo a 1975, también formaban parte de Saint John's otros dos jugadores que, posteriormente, fueron drafteados por equipos NBA. Uno de ellos era Glenn Williams, elegido por Milwaukee Bucks en el puesto 27 del draft de 1977. El otro era Will Beaver Smith, elegido en el puesto 76 por New York Knicks en 1976, es decir, un año después de pasar unos días de primavera en Galicia. Junto a ellos, el resto de la plantilla de los Red Storm la conformaban Weadock, Frank Alagia, Farmer, Robertson, Clarke, Holl, McGuggins, Wright y McRea.

La ficha del histórico partido fue ésta:

-Universidad de Saint John's (80):  Johnson (9), Smith (19), Weadock (2), Williams (17), Alagia (8), Farmar (11), Robertson (8), Clarke (2), HoIl y McGuggins (4). 
-Obradoiro (77): Pita, Gil (4) Domínguez (2), Alfredo Pérez (14), Reparaz, Wright (19), McRea (21). López Cid (2), Caldas, Pirulo, Caso (6), Tonecho (7) y Sevilla (2).
-Árbitros: Magdalena y Cid, de Vigo.

Tonecho, con la plantilla de Saint John's al fondo, de blanco
(Foto: Archivo de Tonecho Lorenzo)
Tras el partido con el Obra, los Red Storm disputarían también en Santiago un amistoso contra la selección española el 27 de mayo de 1975. La victoria (65-64) recayó del lado de la selección, de la que formaban partes ilustres como Brabender, Cabrera, Corbalán, Rullán o Luyk. Sonaron los dos himnos antes de empezar el partido. El ambiente era impresionante. En Santiago se respiraba baloncesto por los cuatro costados.